El pasado miércoles el presidente Javier Milei oficializó el retiro de Argentina de la Organización Mundial de la Salud y, por ende, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a través de su vocero Manuel Adorni.
Según se resaltó en el anuncio «Argentina no va a perder dinero al retirarse de la OMS/OPS»; sin embargo, fuentes que conocen muy bien del tema lo desmintieron porque, además de asesorar y contribuir con fondos en distintos proyectos sanitarios, la OMS/OPS cuenta con el Fondo Rotatorio de Vacunas hace más de 40 años.
El fondo rotatorio de acceso a vacunas ha provisto de vacunas seguras y de calidad a Estados Miembros a precios mucho más accesibles que los que ofrece el mercado.
Por ende, si Argentina se retira perderá el acceso al Fondo Rotatorio de Acceso a las Vacunas y gastará millones de dólares más, o no podrá comprar la cantidad de vacunas que su población necesita. Es decir, a pesar de que públicamente se manifiesta la necesidad de reducir el Estado para generar menos gastos, con decisiones como éstas los gastos y pérdidas son incalculables.
También hay que tener en cuenta que en el caso de una nueva pandemia se anularía la cooperación en forma de apoyo técnico directo, compra de insumos y equipos, contratación de personal, entre otras posibles utilidades.
Se debilitaría el abordaje de enfermedades raras o desatendidas siendo que no sólo se recibe colaboración técnica sino en muchas ocasiones también donación de medicamentos huérfanos
Y en caso de desastres naturales u ocasionados por el hombre, habría ausencia de «apoyo de las unidades especializadas de emergencia de la OPS, debiendo organizarse, sin el apoyo de equipos técnicos de emergencia y/o respuesta rápida y logística de insumos en salud».