Por si quedaba alguna duda, semanas atrás se definió un ranking con los 20 mejores alfajores del mundo donde los argentinos tienen un piso importante. Entre ellos se destaca el Montemar, de San Miguel del Monte, cuya historia es digna de ser contada.
La vocera en esta ocasión fue Aixa Casiva, hija de Zulema y Luis Alberto Casiva -idearios de este producto y marca que hoy llega a la mesa de miles de bonaerenses-, quien nos contó de sus inicios y el duro trabajo que llevan adelante desde hace años para mejorar su calidad.
“De las crisis nacen las oportunidades” comentó, para luego llevarnos a la antesala de esta inventiva, previa al 2001 cuando la familia contaba con una distribuidora de golosinas y panificados. En aquella época los pequeños comercios se vieron afectados por las grandes cadenas de kioscos y supermercados y empezaron a cerrar las persianas, teniendo un fuerte impacto en quienes dejaban allí sus productos.
Debido a ello, y a pesar de que sonaba como una locura, se plantearon una producción propia, que requirió de la perfección de la técnica y compra de maquinaria aún cuando esto implicaba la pérdida de propiedades, incluso la postergación de una vivienda. Lo primero fue el estudio, etapa donde entran los dos hermanos mayores que se trasladaron a Capital para estudiar con Marcelo Vallejo y Osvaldo Gross.
La aceptación en el público fue inmediata, pero lo cierto es que las pepas, tal como hoy las conocemos, “llevan años de desarrollo, y los premios que tenemos es gracias a esa tenacidad de siempre buscar la perfección”, destacó Aixa en base al esmero.
Hoy en día todos trabajan en el proyecto y tanto los padres como los cinco hermanos tienen su rol, dentro de la empresa, la logística, difusión y distribución que llega a La Plata y la región en general, la Costa y diversas ciudades de la provincia de Buenos Aires.
Con más de 40 presentaciones, la última premiación la obtuvieron de la mano de un periodista croata que los incluyó en una competencia, y donde Montemar pasó a formar parte de la lista de mejores alfajores del mundo.
Un ejemplo de proyección y dedicación que no negoció su nombre, a pesar de las interesantes propuestas; de San Miguel del Monte y bien argento.
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