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Héctor Español, músico en la calle Nueva y una memoria viva del viñatero berissense

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“Mi pago sin ser cuyano tiene muy lindo viñedo…”, dice la cueca que Héctor Español compuso hace décadas para homenajear a los viñateros de Berisso. Suena a himno. La melodía, la letra, la interpretación, condensan una historia de sacrificios, heladas, carretillas, nubes de mosquitos y sueños que maduran racimo a racimo en el monte. La canción, rescatada en un video declarado de interés municipal en 2014, volvió a sonar este año durante la Fiesta del Vino de la Costa. Y con ella, la figura de Héctor Español volvió a latir.

Fue su hijo Abel, músico y vecino muy querido de la ciudad, quien la trajo al presente en una entrañable entrevista junto a Mariano Vicente. No para hablar de sí mismo ni del homenaje a Los Iracundos que lidera junto a su banda, sino para contar la historia de su papá, un hombre de la bohemia berissense, compositor autodidacta, guitarrista, cantor, luthier, y sobre todo, alguien que supo retratar con palabras y melodías los paisajes y personajes del Berisso profundo.

“Mi viejo era de la vieja bohemia de acá, con Juan Páez, el Negro Batista, Gartel. Se juntaban a guitarrear en casa, y yo con cinco años ya andaba ahí, entre medio, escuchando todo”, recordó. Las raíces musicales se mezclaban con la madera; Héctor aprendió el oficio de luthier de su hermano Dito y llegó a ganarse el respeto de grandes artistas. Una anécdota lo pinta de cuerpo entero: una noche, en una peña, se le rompió la guitarra al músico Cacho Tacunao. En pocas horas, Héctor reparó el mástil dañado. A partir de ahí, nació una amistad que lo llevó incluso a escribir cuecas que fueron interpretadas en la Fiesta de la Vendimia en Mendoza.

Su obra también se grabó, como en el tango “Vieja calle Nueva York”, una pieza cargada de nostalgia y amor por el barrio obrero. “Mis viejos se conocieron en el Swift, y él escribió ese tango viendo cómo mi mamá miraba el lugar donde habían empezado su historia”, contó Abel, emocionado. La canción es un retrato de la gloria y la decadencia de una calle emblemática de Berisso, que fue cuna del trabajo y de los sueños de generaciones de inmigrantes.

“El progreso te ha olvidado…”, dice la letra, y resuena con fuerza en estos tiempos de debates sobre el patrimonio, la memoria y el futuro de la Nueva York. Pero también resiste en las voces de Marcelo Luna y Los Peñeros, en los videos compartidos por la comunidad, en los recuerdos que Abel sigue activando con su música y su testimonio.

“El tango, la cueca, todo lo que escribió mi viejo, pinta paisajes. Él era de transmitir mucho”, dijo. Y eso hizo. Desde su taller, desde los escenarios, desde la calle, desde el corazón de un Berisso que aún vibra con sus acordes.