Allí por 1887, en sus Fragmentos Póstumos, Friedrich Nietzsche, el gran filósofo y poeta, en una crítica a la objetividad absoluta afirmaba que todo conocimiento está mediado por interpretaciones. En estos cuadernos personales se encontraba la famosa y trillada frase “Contra los hechos no hay argumentos – eso es absurdo: pues un hecho es ya una interpretación. Se podría decir igualmente: no hay hechos, solo interpretaciones.”
Por estos lares, el 17 de Noviembre de 1972, Juan Domingo Perón volvía a la Argentina, llevaba 16 años y medio afuera, en el exilio, desterrado de su Patria que tanto amaba, de su hogar que tanto añoraba. Aquel día, aún dentro del avión que lo traía de regreso, la emoción y tal vez lo que acontecía aquí, lo hizo llorar.
Hoy, luego de este cierre de listas, cada espacio puede contar su relato triunfal, como Nietzsche planteaba, pero todos también, parecen también ninguno parece haber salido ileso. El Movimiento de Desarrollo Federal (MDF), La Cámpora y el Frente Renovador lograron repartirse lugares en las listas, aunque lo hicieron a los empujones, con tensiones no saldadas y con un trasfondo de pulseadas por el poder que se proyectan más allá del 7 de septiembre.
Perón viendo a sus dirigentes del hoy por un lado y a su único heredero en senderos diversos, quien sabe que haría ¿Llanto o alegría?
El MDF: Kicillof plantó bandera
Axel Kicillof consolidó su liderazgo con decisiones que desafiaron incluso al núcleo más duro del cristinismo. Impuso su voluntad en temas clave como el desdoblamiento electoral y logró ubicar a figuras propias al frente de las dos secciones más importantes del conurbano: la Primera y la Tercera. Si bien no alcanzó la paridad numérica con La Cámpora en el reparto de bancas, ganó en peso simbólico y territorial, fortaleciendo al MDF como un actor con autonomía real dentro del universo peronista, sin dejar de dar cuenta de cierta cerrazón en los armados distritales.
La estrategia de candidaturas testimoniales, resistida por CFK, fue defendida por Kicillof hasta el final, en un claro planteo también de conducción. La designación de Verónica Magario y Gabriel Katopodis en los primeros lugares respondió más a una lógica de acumulación institucional que a la representación efectiva. Intendentes como Federico Achaval de Pilar y la Primera Sección electoral, con muy buena imagen no fueron elegidos como cabeza de lista por quien los promovía.
El armado de listas paralelas, su presentación oficial por parte del MDF, con el partido promovido en su momento por Alberto Fernandez evidenció el nivel de desconfianza que se vivió a partir del sábado a la tarde en la Casa de Gobierno Provincial.
El pago a algunos intendentes, parece no haber sido suficiente según creen, aunque muchos apuestan al ejecutivo ahora, o la utopía de una candidatura a nivel nacional. El sindicalismo no sale de su asombro ante la nula representación conseguida, y deberá también repensar niveles de representatividad, su reiterado de construcción político, y lo que representa estar “de los dos lados del mostrador”.
Los intendentes del MDF, no han sido propensos, en gran número tampoco a la incorporación de espacios no kiciloffistas, y en muchos distritos, ni siquiera a grupos que pregonaban por una unidad amplia.
Por lo pronto, el Gobernador, parece haberse puesto la campaña al hombro, con acciones carcatrísticas de su gestión, la inauguración de obra pública, ayer en Almirante Brown y hoy en Berazategui junto a los intendentes Mariano Cascallares y Juan Mussi junto a la vicegobernadora y candidata Verónica Magario.
La Cámpora: resistencia y pragmatismo.
La Cámpora emergió con un resultado indudablemente sólido en términos cuantitativos, pero no exento de tensiones y exclusiones.
La organización que encabeza Máximo Kirchner consiguió mantenerse como una fuerza gravitante en la interna peronista, incluso en un escenario donde por primera vez tuvo que disputar de igual a igual con un actor de peso como el armado del gobernador Axel Kicillof. A pesar de no lograr retener la codiciada cabeza de lista de la Tercera Sección, sí logró liderar cinco de las ocho secciones electorales, imponiéndose en espacios claves como la Cuarta, Quinta, Sexta, Séptima y Octava, y en estos casos con nombres “nuevos” para esos roles.
Más allá de las cifras, el dato político más relevante fue la capacidad de blindar los territorios propios. En municipios donde gobierna el camporismo —Quilmes, Lanús— o sus aliados —Merlo, Moreno—, se cerraron las puertas a candidatos kicillofistas. Un mensaje claro: «hasta acá llegás». La jugada más emblemática fue, sin dudas, la de Mayra Mendoza. No solo frustró los intentos de Ferrareside colar nombres propios en Quilmes, sino que se aseguró un lugar central en la boleta y anunció que asumirá efectivamente su banca, diferenciándose de las candidaturas testimoniales que Kicillof aún sostiene, incluso ante el pedido explícito de Cristina Kirchner de que se abandonen esas prácticas. Mayra da el primer paso hacia un objetivo mayor: la pelea por la gobernación bonaerense en 2027. Su sucesión en Quilmes ya está ordenada, y su figura empieza a proyectarse más allá del conurbano.
El Frente Renovador: unidad o extinción
Sergio Massa también puede darse por satisfecho, aunque su margen de acción fue acotado. Se mantuvo firme en no resignar espacios —retuvo los seis lugares que ya tenía— y volvió a cumplir un rol de equilibrista clave para evitar una ruptura que hubiera sido terminal. A cambio, el Frente Renovador quedó amalgamado al cristinismo, en una alianza táctica que algunos pueden leer como una antesala de fusión política.
Ahora bien, el massismo que pregonaba con una gran firmeza la necesidad de la unidad, impidió el ingreso a Fuerza Patria a quien lo derrotó legítimamente en la urnasen su terruño, Tigre, y convirtiéndose actualmente en una referencia indiscutida en la Sección electoral.
El reparto, podría decirse que terminó con 14 lugares de los 29 en disputa para La Cámpora, frente a los 9 del kicillofismo y 6 del massismo.
¿Una “unidad” para enamorar?
El cierre de listas de Fuerza Patria no fue un acto de fortaleza sino de necesidad. Los sectores se mantuvieron unidos porque el contexto —la crisis económica y social, la condena a CFK, el avance de Milei— no dejaba margen para otra cosa. Pero lejos de consolidar una alternativa con potencia transformadora o vocación de mayoría, lo que emergió fue una fórmula defensiva, pragmática y con escasa conexión con la sociedad.
En primer lugar amplios sectores del movimiento obrero, de las organizaciones sociales, intendentes peronistas como Zamora y Fernando Gray, quien ganaron sus últimas elecciones en dos distritos importantes, no fueron si quiera llamados, otros que podrían ser de la partida de un proceso frentista tampoco fueron contenidos en este proceso. Y mucho menos aparecen sectores de la sociedad como científicos, docentes, profesionales, ambientalistas o referentes sociales ajenos a la práctica política, como sí, en otras listas.
Por otro lado, pocos distritos, como La Plata, vieron confluir a la mayoría de los espacios que en cada municipio pugnaban por una representación. La cerrazón de uno u otro espacio dejó múltiples heridos territoriales, que se verá como militan la elección venidera. El caso más emblemático en este sentido es el de Mar del Plata donde la lista de Acción Marplatense será encabezada por el exintendente y actual diputado provincial Gustavo Pultiacompañado de e kiciloffismo local.
El peronismo bonaerense mostró músculo negociador a nivel provincial, como tanta cerrazón a nivel local, pero también cierta desconexión con el electorado. La falta de internas reales, la exclusión de actores sociales y sindicales, y la reiteración de figuras en candidaturas poco inspiradoras no auguran una campaña movilizadora. En un país donde la participación electoral es cada vez menor, estas decisiones solo parecen alimentar la profundadistancia entre dirigencia y ciudadanía.
En definitiva, el cierre de Fuerza Patria fue una radiografía clara del momento que vive el peronismo: un conglomerado de sectores en tensión, obligados a convivir por la urgencia, sin un proyecto, o programa claro, sin debate sobre los métodos y los porque se llegó hasta aquí, y sin un liderazgo indiscutido. Si no aparece una estrategia renovadora y cercana a los problemas reales de la gente, la elección de septiembre (que va a tener encima el cierre de listas de octubre en agosto), puede ser apenas el preámbulo de un proceso mucho más complejo, que es la sucesión de un ciclo que parece agotarse en cámara lenta.
La pregunta, entonces, no es solo quién ganó el cierre de listas, sino qué gano y que perdió la política en el camino y que aportó el peronismo para ello.