En el Día de la Radio, la profe Mariel Zabiuk repasó la figura de Manuel Nicolás Savio, uno de los ingenieros militares clave en la construcción de un proyecto de soberanía industrial argentina durante la primera mitad del siglo XX.
Savio nació en la ciudad de Buenos Aires en 1892, hijo de inmigrantes italianos. Aunque no provenía de una familia militar, ingresó al Colegio Militar en 1909 y egresó como subteniente del arma de ingenieros al año siguiente. Allí comenzó una carrera marcada por la docencia y la formación técnica, más que por la conducción de tropas.
Su paso por el Batallón de Ingenieros en Tucumán lo vinculó a referentes como Alonso Baldrich y Enrique Mosconi, quienes lo influenciaron con sus ideas de independencia económica y desarrollo industrial propio. Tras una misión en Europa en la década del 20, en la que recorrió Francia, Alemania e Italia para capacitarse y observar el vínculo entre ejército e industria, Savio regresó con un proyecto claro, crear una escuela superior de formación técnica militar.
Así nació la Escuela Superior Técnica, inspirada en modelos europeos, destinada a formar ingenieros militares con preparación integral en metalurgia, explosivos y organización industrial. Con el tiempo, ese espacio se integró a lo que hoy es la Universidad Nacional de la Defensa.
La figura de Savio se inserta en la corriente de los llamados “generales del pueblo”, militares que desde los años de Yrigoyen hasta el primer peronismo impulsaron el desarrollo industrial argentino bajo la premisa de que el Estado debía estar al frente de las grandes áreas estratégicas. Savio se convirtió en el principal impulsor de la industria pesada, con un fuerte énfasis en el autoabastecimiento de materias primas y la creación de organismos estatales que coordinaran la producción vinculada a la defensa.
El debate sobre soberanía económica y control de recursos energéticos, como el que dieron Mosconi contra la Standard Oil y otras petroleras extranjeras, fue parte del contexto en el que Savio desplegó su labor. Desde su mirada, el país debía tener capacidad industrial propia para no depender de proveedores externos que fijaran precios y condiciones.
Su legado, junto al de otros militares de esa generación, dejó huellas en empresas estatales estratégicas y en la formación de cuadros técnicos que permitieron sostener un proyecto industrial nacional durante varias décadas. Aunque su figura se fue diluyendo hacia los años 60, su nombre sigue ligado a la idea de soberanía a través de la industria pesada y la planificación desde el Estado.
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