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Del Vitto y un mural para visibilizar: “La idea fue rendirle homenaje a una comunidad bastante anónima”

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En una pasarela del barrio Banco Provincia, ubicada en 174 entre 30 y 31 de la ciudad de Berisso, se inauguró un mural que busca interpelar la identidad cultural de Berisso y dar visibilidad a la comunidad mocoví que habita la ciudad. La obra fue realizada en el marco del taller de muralismo La Tallera y surgió a partir de un trabajo colectivo de reflexión e investigación junto a integrantes de ese pueblo originario.

“El mural nace de charlas con los alumnos, de observar que en Berisso todos los años se hace la Fiesta del Inmigrante, con representación de muchas naciones, pero donde la comunidad de pueblos originarios está completamente ausente”, explicó el responsable del taller, Cristian Del Vitto. En ese sentido, señaló que “no entendíamos cómo en una fiesta del inmigrante podían aparecer los gauchos, las paisanas, la tradición criolla, y no tener ninguna representación una comunidad originaria que vive en Berisso y que es bastante numerosa”.

A partir de ese interrogante, las y los estudiantes comenzaron un proceso de acercamiento con miembros de la comunidad mocoví, investigando su cultura, sus creencias y su historia. “Nosotros tenemos en Berisso una comunidad que incluso tiene un barrio prácticamente propio; sin embargo, no aparece en los relatos identitarios de la ciudad”, remarcó.

La obra apunta a cuestionar una mirada eurocéntrica sobre la identidad local. “Sentimos que Berisso quedó estancado en la idea de Europa y del barco, y la identidad es mucho más que eso. Está configurada por muchos más actores que no son solamente lo europeo o lo criollo”, sostuvo el muralista.

En términos visuales, la obra representa a un originario tocando un instrumento de percusión, como metáfora de la transmisión de la historia a través del ritmo, porque “la idea es contar la historia en el sonido del tambor”. Y a su alrededor aparecen distintos elementos vinculados a la cultura mocoví como personas, árboles, escenas cotidianas y símbolos de desarraigo.

Uno de los elementos centrales es un árbol de flores amarillas característico de ese pueblo. “Es un árbol que ellos mismos talan, se cortan a sí mismos dejando las raíces de un lado y el cuerpo del otro. Eso habla del desarraigo, de haber sido movidos por distintas razones y por distintas provincias hasta llegar a esta región”, detalló.

También se destacan imágenes de alfarería, el trabajo de las mujeres, las chozas y otros rasgos identitarios. Entre los símbolos más significativos aparece un caldero de hierro, un objeto que llevaron todas las mujeres y que se fue pasando de generación en generación, y para ellos “es el signo de una cultura que se transmite, que no se pierde”.

La obra además incorpora referencias a la historia migratoria de la ciudad, como el escudo de Berisso, la llegada de las familias y el barco; una imagen que dialoga con una lectura actual. “Hoy Berisso es más plural, más diverso; ya no es el Berisso de los años 80, con determinadas fisonomías. Con la llegada de pueblos originarios y de países limítrofes, la ciudad fue cambiando”, afirmó.

Por último, Del Vitto destacó el sentido de la intervención: “La idea fue rendirle homenaje a una comunidad bastante anónima, que muchas veces no se conoce, y darle un lugar en la cultura berissense a través del arte, los murales y el reconocimiento”.