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Vértigo libertario, apatía social, y oposición perpleja, diletante

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Argentina atraviesa un tiempo paradójico donde la velocidad de los hechos parece haber anestesiado la capacidad de asombro. Tras su triunfo con apenas el 27% de los votos del padrón en las pasadas elecciones de octubre, Javier Milei ha logrado algo que parecía imposible en la dinámica política nacional: una centralidad absoluta de la agenda, basada no en la construcción de consensos, sino en la demolición sistemática de las formas institucionales. Mientras el Ejecutivo avanza con la precisión de un cirujano y la vehemencia de un cruzado, la oposición parece atrapada en un laberinto de internas estériles, ocupada más en dirimir herencias y cargos que en interpretar el padecimiento de un pueblo que ve cómo sus derechos se diluyen en cada decreto.

Este presente alarmante, sin embargo, no lo es sólo por la voracidad presidencial, sino también por la extraña apatía de una ciudadanía que asiste en silencio —o con una resignación preocupante— a embates directos contra la democracia, la república y su propio bienestar. Pero a su vez por una oposición que se encuentra como extraviada, sin respuestas, y muchas veces siendo funcional a las propuestas libertarias. 

En un país que supo hacer de la calle su escenario de resistencia, el vacío actual solo se llena con el ruido oficialista y una serie de hechos que, enumerados, dibujan un panorama sombrío:

Restricción de derechos laborales: El Senado se apresta a tratar un proyecto de ley que busca maniatar la capacidad de protesta sindical, mientras las centrales obreras intentan articular una movilización en un clima de creciente tensión laboral.

Poder de policía a la SIDE: Se habilitó a la central de inteligencia a detener personas sin intervención judicial previa. Un golpe seco al corazón de las garantías constitucionales bajo el manto de la “seguridad nacional”.

La intervención de las estadísticas: En un movimiento que recuerda los capítulos más oscuros de la historia reciente, se desplazó al titular del INDEC, Marco Lavagna. Con ello, se postergó indefinidamente el nuevo método de medición del IPC acordado con el FMI, justo cuando las proyecciones para enero superaban el 3%. Sin datos confiables, no hay realidad, solo relato.

El Ministerio de la Verdad: En una suerte de parodia orwelliana, se creó una “oficina oficial de respuesta rápida” para “corregir” al periodismo. Bajo la consigna de defender la libertad, el Estado se arroga la potestad de decidir qué es verdad y qué es mentira.

Ataque a la prensa: La amenaza de clausura al diario Clarín por revelar el acuerdo secreto con el empresario Hayden Davis —vinculado a la estafa de la criptomoneda $Libra— marca un peligroso precedente de censura directa ante investigaciones que incomodan al poder.

Militarización de los símbolos: El traslado del sable corvo de San Martín al Regimiento de Granaderos, rompiendo la condición de su donación para ser exhibido sin custodia militar en el Museo Histórico Nacional, es más que un acto administrativo; es la apropiación castrense de un símbolo que pertenece a la sociedad civil.

Mano dura juvenil: La rebaja de la edad de imputabilidad a los 14 años se presenta como solución mágica a la inseguridad, ignorando la falta de infraestructura de tratamiento y alojamiento digno.

Crisis en las fuerzas de seguridad: El congelamiento de sueldos federales ya produjo escenas desesperantes, como la de un oficial encadenado a las rejas de la Casa Rosada. Un eco peligroso de alzamientos policiales pasados que el Gobierno parece subestimar con la misma soberbia con la que se gestionan los conflictos sociales.

La claudicación del cuarto poder: Finalmente, la imagen de periodistas pidiendo y brindando aplausos al presidente durante el anuncio de un acuerdo con Estados Unidos termina de completar el cuadro de una degradación institucional que no distingue entre los tres poderes del Estado y quienes deberían controlarlos.

Este escenario deja un interrogante incómodo: ¿servirá esta unidad que el peronismo intenta hilvanar para dar una verdadera alternativa al pueblo, o  simplemente será una nueva maniobra de supervivencia electoral? 

Para que el peronismo recupere su capacidad de interpelar y “volver a enamorar”, es imperativo que su agenda abandone el internismo de cúpulas y se centre en las urgencias tangibles de la comunidad: por ejemplo, la recuperación del poder adquisitivo frente a un ajuste que castiga a las mayorías , la defensa de la soberanía no como concepto abstracto sino como protección de los recursos naturales y el trabajo nacional , y la garantía de una red de salud y educación pública eficiente frente al abandono del Estado Nacional.

A estos ejes se debería sumar un posicionamiento firme sobre la deuda externa, planteando que no hay soberanía política ni independencia económica si el condicionamiento financiero hipoteca el bienestar del pueblo y los recursos de lasprovincias. Asimismo, es urgente abordar el problema del hábitat, proponiendo soluciones reales de acceso a la vivienda y urbanización que dignifiquen la vida en cada municipio, y enfrentar la inseguridad con un enfoque integral que combine la prevención social con la eficacia estatal, rescatando la noción de que la seguridad es también un derecho humano que el Estado debe garantizar frente al “sálvese quien pueda”.

Resulta vital hablar de la “justicia social” no como una consigna del pasado, sino como una herramienta moderna para combatir la desintegración social y el modelo de exclusión actual. Esta propuesta debe acompañarse de una comunicación disruptiva y descentralizada: menos discursos unidireccionales “de arriba hacia abajo” y más escucha activa mediante encuentros territoriales y en plataformas digitales, donde los vecinos no sean solo receptores, sino protagonistas de la construcción de esa “alternativa y esperanza” que el país necesita para salir del letargo y la apatía.

El tiempo libertario es cruel y no se parece a nada de lo que hayamos vivido antes. Si la política sigue encerrada en su propia lógica, en su burbuja y la ciudadanía no despierta de su letargo, el “dique de contención” corre el riesgo de no alcanzar ante una marea que ya está golpeando la puerta de la mayoría de los hogares argentinos.