La propuesta de reforma laboral impulsada por el gobierno libertario no es sólo un conjunto de artículos técnicos; es, en su esencia, un manifiesto que redefine la condición humana bajo el prisma exclusivo de la productividad. Desde una perspectiva humanista, esta reforma se presenta como un avance deshumanizante y esclavizante, que busca transformar al sujeto en una mercancía y a la comunidad en un mercado de individuos aislados.
El Trabajo como Parte, no como Todo
El humanismo sostiene que el trabajo es una vía de realización, un espacio donde el ser humano aporta su creatividad y esfuerzo para integrarse a una comunidad. Sin embargo, esta reforma impone una filosofía donde el ser humano es visto como un mero productor de bienes. Al endiosar el dinero y el vértigo del consumo, se olvida que el desarrollo de una nación es inseparable del desarrollo espiritual, intelectual y material de sus integrantes. No necesitamos un mundo que exprima nuestra naturaleza por el solo hecho del crecimiento económico; necesitamos un mundo que nos permita ser.
La Desorganización del Trabajo como Desorden de Vida
Uno de los puntos más crueles de esta propuesta es cómo la desorganización de la jornada laboral desordena la vida privada de las personas. Al delegar en el empleador un poder casi absoluto sobre el tiempo del trabajador, se ataca el núcleo de la estabilidad emocional y familiar:
La Incertidumbre como Regla: Un período de prueba extendido hasta los 8 meses en ciertos sectores genera una angustia constante en el trabajador. Durante casi tres cuartas partes del año, esa persona vive bajo la amenaza del despido sin causa, lo que impide cualquier planificación mínima, desde alquilar una vivienda hasta decidir formar una familia.
El Robo del Tiempo Vital: La flexibilización de las jornadas y la creación de “bancos de horas” subordinan el descanso a los designios de la rentabilidad. Cuando el trabajador pierde la soberanía sobre su tiempo, pierde también la posibilidad de organizar su vida social. Si un padre o madre no puede coordinar sus vacaciones con el receso escolar de sus hijos, el derecho al esparcimiento se convierte en una cáscara vacía. El ocio deja de ser un espacio de encuentro y creación para transformarse en un tiempo residual, dictado por las necesidades de la empresa y no por los ritmos de la vida humana.
Frente a la Reforma: El Sentido de Comunidad
Esta reforma apuesta a la atomización: al priorizar convenios por empresa sobre los de actividad, se busca que cada trabajador se enfrente solo a su empleador, rompiendo los lazos de solidaridad que nos hacen comunidad. Es un modelo de “sálvese quien pueda” que ignora que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza.
Una verdadera modernización laboral debe recorrer el camino inverso al que propone este proyecto. En el mundo desarrollado, se discute la reducción de la jornada para que el ser humano recupere su tiempo. El cansancio no produce riqueza; la motivación, el estudio y el descanso sí. Necesitamos proteger la dignidad de nuestra gente para no quedar estancados en una sociedad desigual y sin futuro. Solo volviendo a poner al ser humano en el centro de la escena política y económica podremos construir una alternativa que sea, verdaderamente, esperanza.