La reciente destitución del presidente peruano ha vuelto a poner en el centro de la escena la figura de Julio Verlarde Flores, presidente del Banco Central de Perú, quien ha mantenido una política económica estable y ortodoxa durante los últimos 20 años. Esto ha permitido al país sudamericano alcanzar un récord en exportaciones, superando incluso a las de Argentina.
Sin embargo, detrás de esta fachada de éxito, se esconden profundas desigualdades y desequilibrios. A pesar de su crecimiento económico, Perú sigue siendo un país con una estructura productiva limitada, dependiente de la exportación de materias primas y con una industria y servicios poco desarrollados. Según datos del Banco Mundial, el 60% de las exportaciones peruanas corresponden a productos mineros, mientras que la industria manufacturera apenas representa el 15% del PIB.
En contraste, Argentina tiene una economía más diversificada, con una industria y servicios más desarrollados. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la industria manufacturera argentina representa el 25% del PIB, mientras que los servicios representan el 60%. Esto se refleja en un PBI per cápita nominal más alto, de $20.425, en comparación con los $14.252 de Perú.
La diferencia entre ambos países no se limita solo a la economía. La inversión en educación, salud y derechos laborales también juega un papel fundamental en el desarrollo humano. Argentina, a pesar de sus problemas económicos, ha logrado mantener un Índice de Desarrollo Humano más alto que Perú, gracias a su mayor inversión en estos sectores. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Argentina gasta un 5,6% de su PIB en educación, mientras que Perú gasta un 3,9%.
La pregunta es: ¿es este el modelo que queremos seguir? La reforma laboral regresiva y la desindustrialización que se están promoviendo en Argentina pueden llevar a un aumento de la informalidad y la pobreza, en lugar de combatirla. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la informalidad laboral en Argentina ya alcanza el 40% de la población económicamente activa.
Es hora de replantear nuestras prioridades y buscar un modelo de desarrollo más inclusivo y sostenible. La experiencia peruana nos muestra que la estabilidad económica no es suficiente para garantizar el bienestar de la población. Es necesario invertir en educación, salud y derechos laborales para lograr un desarrollo humano sostenible.