Con la llegada del otoño, el paisaje empieza a transformarse de manera inevitable: las hojas caen, el verde se apaga y el aire se vuelve más áspero. No es un cambio brusco, sino una transición silenciosa que, sin embargo, lo invade todo. Algo de ese clima parece filtrarse también en la vida política argentina, donde el entusiasmo inicial de ciertos sectores con el gobierno libertario, va dando paso a una sensación más incierta, fría y más dura como lo demuestran desde las encuestas nacionales que vieron la luz esta semana, hasta los móviles que realizamos se realizan a diario en Tres Ciudades. Como en el otoño, lo que se seca, lo que se desprende, difícilmente vuelva a brotar de la misma manera y sin antes atravesar un período de desgaste profundo.
Como la llegada del otoño, que tiñe de ocres el paisaje y anuncia el fin de un ciclo de esplendor, el escenario global parece atravesar una transición similar: el progresivo desgaste del poder de Estados Unidos y de las potencias de Occidente convive con el ascenso sostenido de China como nuevo eje de gravitación mundial, acompañado por la consolidación de actores emergentes como Rusia, India y Brasil en el marco de los BRICS. En este cambio de estación geopolítica, las viejas hojas —marcadas por décadas de intervencionismo, guerras y lógicas de dominación impulsadas también por actores como Israel— comienzan a caer, dejando al descubierto la necesidad urgente de un orden internacional distinto. Así como el otoño no es solo declive sino preparación para un nuevo ciclo, el mundo parece reclamar el abandono de la violencia como método de conducción global y la apertura hacia formas más equilibradas, multilaterales y justas de convivencia entre las naciones.
En este contexto Javier Milei, viene de recibir, a findes del año pasado, un espaldarazo de Trump, lo cual le sirvió para ganar las últimas elecciones, y responde con obsecuencia extrema a los pedidos del denunciado por pedofilia presidente del norte. (¿Tendrá algo que ver estas denuncias el embate con el mundo persa iniciado por el sionismo, a la que luego se sumó Estado Unidos?). En estos días nuestro Presidente extremó la sumisión con EE UU e Israel, apoyando la guerra iniciada por estos países contra Irán, y proclamando a la Argentina el país más sionista del mundo. Llamativa, personalista y peligrosa definición.
Mientras, su gobierno transita los primeros meses del año en medio de un ajuste que no sólo impacta en la economía, sino también en el tejido social. Al ya irremediable fracaso de un excluyente programa económico, se le suman episodios que erosionan el relato de supremacía “moral” y “estético”: casos que salen a la luz como el cuestionado viaje de la esposa de Manuel Adorni y la lujosa e injustificable vida de este funcionario, sumados al inocultable caso Libra, Andis funcionan como síntomas de una contradicción cada vez más evidente que ya ni los medios y periodistas que hacían de Milei el gran ícono de la renovación política y un salvador de la Patria, hoy lo denigran pues no encuentran forma de justificar los pasos de su gobierno. Lejos de una ruptura con las viejas prácticas, el proceso libertario parece reunir, en algunos aspectos, lo peor de la llamada “casta” que decía venir a combatir. Mientras tanto, la inflación no cede y es ya similar o superior a la que dejó Cristina Fernández de Kirchner, profundizando la pérdida de poder adquisitivo y el malestar cotidiano.
Como las hojas que caen, se van perdiendo certezas, derechos y equilibrios construidos durante años. La promesa de una transformación rápida y virtuosa se diluye en una realidad áspera, donde el costo lo pagan mayormente los sectores más vulnerables. Queda por ver cuánto puede soportar el pueblo argentino esta nueva desilusión consumada, este invierno que ya se anuncia en el horizonte, y también cuánto de primavera será capaz de ofrecer una oposición aún en búsqueda de rumbo. Porque, como en la naturaleza, no todo otoño garantiza un renacer inmediato: a veces, el frío se prolonga más de lo esperado y obliga a reconstruir desde lo más profundo.
Otoño ¿Preludio de un invierno que anuncia primaveras?
Si el otoño nacional se vuelve áspero y prematuro, en la provincia de Buenos Aires ese clima se siente con particular intensidad. El gobierno de Axel Kicillof transita una estación compleja, marcada por el desfinanciamiento que llega desde la Casa Rosada y el impacto directo del ajuste sobre las arcas provinciales. La poda de recursos no es una metáfora: es concreta, cotidiana, y obliga a administrar la escasez en un territorio donde la demanda social crece al ritmo de la crisis. El Gobernador ha convocado para la semana entrante una reunión con Intendentes para analizar esta situación, jefes comunales atravesados por urgencias económicas y también por expectativas de posicionamiento en un escenario incierto.
En paralelo, la relación con el kirchnerismo más orgánico —referenciado en la figura de Cristina Fernández de Kirchner— parece encaminarse hacia una tregua luego de las internas recientes, aunque resta ver cuánto de esa calma es duradera y cuánto responde a la necesidad coyuntural de ordenarse frente a un adversario común. Esta semana el kiciloffismo convocó a acompañar a CFK el día de su declaración en Comodoro Py. Como en todo otoño, hay reacomodamientos silenciosos bajo la superficie: hojas que caen, pero también raíces que buscan sostenerse.
En ese marco, desde su propio espacio, el MDF comenzaron a escucharse voces planteando que el gobernador salga a recorrer el país, que proyecte más allá de los límites bonaerenses y se posicione en la discusión nacional. La reciente creación del CEDAF aparece como un gesto en esa dirección, un intento de abrir un ámbito donde —por fin— se discutan ideas, programas y proyectos, y no sólo lugares en listas, o las “hegemonías de los dedos”.
De igual manera y bajo la consigna de que “hay otro camino”, el gobernador bonaerense Axel Kicillof y su espacio, el Movimiento Derecho al Futuro, comenzaron a desplegar una estrategia de expansión territorial más allá de la provincia de Buenos Aires, con el objetivo de fortalecer su base política y ampliar alianzas. Dirigentes como Augusto Costa y Carlos Bianco encabezaron plenarios en la Ciudad de Buenos Aires y en Río Negro, donde se impulsaron nuevas estructuras y se planteó la necesidad de “volver a las bases” del peronismo para recuperar representación. En ese contexto, también aparece la idea de construir consensos más amplios frente al escenario político actual, incluso incorporando sectores por fuera del peronismo, mientras el propio Kicillof comienza a proyectar su presencia en otras provincias.
Tal vez allí, en medio de este paisaje otoñal, empiecen a gestarse algunas semillas de primavera. Fundamentalmente cuando todo parece indicar que las elecciones del 2027 se adelantarían para el segundo trimestre del año. Pero, como todo en este tiempo, habrá que ver si encuentran las condiciones para crecer y evitar el invierno político que se avecina.
En términos de gestión debemos de mencionar el conflicto que ya llegó a la Corte Suprema de Justicia y que pone en discusión transferencias por 2,2 billones de pesos. No vamos a entrar en detalle sobre el mismo sino sugerir leer o escuchar la columna en Frecuencia Camalote de la periodista Gabriela Lorenzo sobre uno de los temas más sensibles de la semana.
Por su parte, en la Legislatura bonaerense, la dinámica política vuelve a mostrar sus tensiones latentes: mientras la vicegobernadora Verónica Magario convocó a una sesión especial en el Senado para conmemorar un nuevo aniversario del golpe de 1976 y reivindicar la lucha por los derechos humanos, la definición de un tema clave —la integración y conducción de las comisiones más importantes— continúa postergada. En ese marco, no se descartan cruces entre oficialismo y sectores libertarios, en un escenario donde la disputa por la memoria convive con las negociaciones de poder que, por ahora, siguen sin resolverse tanto en la Cámara alta como en Diputados.
Magario, cerró la semana cuestionando duramente al presidente Javier Milei por sus declaraciones sobre el empleo, luego de que datos del INDEC evidenciaran un fuerte aumento de la desocupación, alcanzando niveles máximos desde la pandemia de COVID-19. Según la funcionaria, las cifras contradicen lo expresado por el mandatario en el Congreso y reflejan un deterioro del mercado laboral, con cientos de miles de nuevos desempleados y un impacto especialmente grave en jóvenes, tanto mujeres como varones. En ese marco, Magario denunció una distorsión de la realidad por parte del Gobierno nacional y planteó la necesidad de un rumbo alternativo para el país.