El escritor y periodista Hernán Brienza presentó su nuevo libro “En contra del bien. Adiós a la teoría de los dos demonios” y planteó la necesidad de revisar los años ‘70 desde una mirada más compleja, que invite a la reflexión y al debate.
En diálogo con Frecuencia Camalote, explicó que no busca cerrar una interpretación sino todo lo contrario. “No espero que el libro conmueva los cimientos de nada, pero sí que nos ayude a pensar y a reflexionar”, señaló.
El eje de su trabajo apunta a cuestionar las lecturas simplificadas sobre la violencia política en la Argentina. “No hubo demonios, hubo seres humanos en su circunstancia”, afirmó, y sostuvo que muchos de los protagonistas de ese período actuaron convencidos de estar haciendo el bien.
En ese sentido, remarcó que el problema no es solo lo que ocurrió, sino cómo se lo interpreta. “Cada actor se sentía portador de un bien supremo y justificaba sus acciones en nombre de ese bien”, explicó.
Brienza también hizo hincapié en que comprender ese proceso no implica justificarlo. “La comprensión de los hechos no tiene consecuencias jurídicas: quien comete un delito debe ser castigado”, aclaró, al tiempo que diferenció el análisis histórico de la responsabilidad penal.
Uno de los puntos centrales de su planteo es la crítica a los distintos relatos que, con el paso del tiempo, intentaron explicar lo ocurrido en los años ‘70. “Hubo versiones que simplificaron la historia y que, en muchos casos, sirvieron para que la sociedad se autojustifique”, sostuvo.
Para el autor, esas miradas reduccionistas impiden entender la complejidad del contexto y las responsabilidades compartidas. “Lo que hay que pensar es la violencia cruzada de todos los sectores, sin construir figuras sobrehumanas o demonizadas”, planteó.
Consultado sobre el origen del libro, explicó que se trata de un trabajo de más de dos décadas de reflexión. “No es un libro histórico, es un libro filosófico que intenta pensar la naturaleza del mal”, indicó.
En esa línea, propuso una definición que atraviesa toda la obra: “El mal no es una entidad en sí misma, sino algo situacional, que surge en determinadas circunstancias”.
Con ese enfoque, Brienza invita a discutir, incomodarse y revisar certezas. “El libro no es para aceptar todo, sino para desmenuzarlo, discutirlo y también estar en desacuerdo”, concluyó.