A días de un nuevo 2 de abril, la memoria de Malvinas vuelve a ocupar un lugar central. En Frecuencia Camalote, el excombatiente y vicepresidente del CECIM La Plata, Hugo Robert, propuso una mirada que va más allá del homenaje y pone el foco en el presente: la soberanía como una discusión vigente.
“Los únicos héroes que dejó esta guerra son los que cayeron en la guerra y en la posguerra”, afirmó, al anticipar las actividades que se realizarán en la región, con epicentro en Plaza Malvinas.
Robert no solo habló de la conmemoración, sino también de las deudas históricas. Recordó que, tras el conflicto, el abandono estatal fue “prácticamente total” y que muchos excombatientes atravesaron la posguerra “como pudieron”, sin acompañamiento.
“No es fácil atravesar a los 20 años una guerra como la que nos tocó vivir”, señaló, al tiempo que remarcó que con los años esa experiencia “se vuelve incluso más dolorosa”.
A más de cuatro décadas del conflicto, el planteo del CECIM apunta a ampliar el sentido de Malvinas. “No cayeron por 11 mil kilómetros de turba y piedra, cayeron por la soberanía”, explicó, y agregó: “la soberanía no es solo territorial, es un concepto mucho más amplio que hoy está en discusión”.
En ese marco, sostuvo que el mejor homenaje no se limita a la fecha. “La flor del 2 de abril es importante, pero el verdadero homenaje es seguir comprometidos en la lucha por la soberanía”, planteó.
Ese enfoque también se traduce en acciones concretas. Desde el CECIM impulsan tareas sociales, educativas y comunitarias, vinculadas a una idea de soberanía que incluye, por ejemplo, el acceso a los recursos naturales.
En ese sentido, Robert cuestionó el modelo pesquero argentino y dejó una definición contundente: “Argentina es el único país del mundo que pesca casi exclusivamente para exportar”. Según explicó, eso convive con situaciones de pobreza y problemas de alimentación, incluso cuando el país cuenta con recursos suficientes.
“La mejor proteína que puede tener un pibe es el pescado, y es de los argentinos por ley”, remarcó, al señalar la falta de políticas públicas que garanticen ese acceso.
En el tramo final de la entrevista, el excombatiente compartió una reflexión más íntima sobre su experiencia. Contó que volvió a las islas en dos oportunidades y que uno de esos viajes fue con sus hijos. “Caminar esos lugares con ellos fue demasiado, no lo aguantaba en el cuerpo”, confesó.
Aun así, sostuvo que es una experiencia necesaria: “Hay que ir a Malvinas para revalorizar lo que hicieron nuestros compañeros”.
A 44 años de la guerra, su mirada sintetiza una idea que atraviesa generaciones: la memoria no es solo recuerdo, sino también presente y discusión.
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