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Cine para incomodarse: “Volver a hacerse preguntas” en tiempos de respuestas fáciles

Escenas de películas que invitan a reflexionar como El decálogo y Tenemos que hablar de Kevin

En una nueva columna de La Eterna Ilusión en Frecuencia Camalote, Dana Bermúdez propuso correrse del consumo rápido y volver a un cine que incomoda, interpela y deja preguntas abiertas.

“Las estadísticas y los algoritmos dicen que la gente quiere historias simples, pero el arte tiene que ponernos en lugares incómodos”, planteó, al introducir un recorrido por obras que, más que entretener, buscan sacudir.

La propuesta apuntó a recuperar ese tipo de cine que no se agota cuando termina la pantalla. “Son historias que te pinchan, que te cachetean, que no terminan cuando termina la película”, explicó.

Uno de los ejemplos que trajo fue El decálogo, la serie del director polaco Krzysztof Kieslowski. Se trata de diez episodios inspirados en los mandamientos, que abordan dilemas morales desde lo cotidiano.

“No sabés qué está bien o qué está mal, y eso es lo interesante”, resumió Bermúdez, al destacar una narrativa que evita respuestas cerradas y obliga al espectador a involucrarse.

En la misma línea, recomendó Tenemos que hablar de Kevin, de Lynne Ramsay, una película que vuelve a cobrar actualidad frente a hechos recientes de violencia protagonizados por jóvenes.

“Tenemos que hablar de Kevin, tenemos que hablar de los Kevin”, sostuvo, al marcar la necesidad de discutir esos episodios más allá del impacto inmediato.

La película, explicó, no busca explicar ni justificar, sino exponer la complejidad: el vínculo entre madre e hijo, la responsabilidad individual, el rol de la sociedad y la falta de herramientas para abordar la salud mental.

“Te deja en la incomodidad de no poder decir quién tiene la culpa”, señaló.

En ese sentido, la columnista remarcó que ese tipo de obras permiten salir de las lecturas simplistas. “Lo más fácil es que te digan quién es el bueno y quién es el malo. Pero esto abre preguntas, y esas preguntas te siguen después”, afirmó.

La propuesta de la columna fue, justamente, esa: recuperar un cine que incomode como forma de pensar la realidad. Un cine que no ordena, sino que desarma.

Hacia el cierre, Bermúdez compartió una reflexión que sintetiza el espíritu de la columna: “Cuando un niño mata a otro niño, algo del orden de lo pensable se rompe. No alcanza con buscar culpables individuales”.

La invitación, entonces, no es solo a ver películas, sino a dejarse atravesar por ellas. A incomodarse. Y, sobre todo, a seguir preguntándose.

Escuchá la columna completa acá: