En un contexto donde el acceso a la salud se vuelve cada vez más restrictivo, La Plata fue escenario de una postal distinta, con la Universidad pública saliendo al encuentro de la comunidad. En el marco del Día Mundial de la Salud, estudiantes de Trabajo Social, Ciencias Médicas y Psicología impulsaron una serie de postas sanitarias en distintos puntos de la ciudad para acercar la salud a los barrios y reforzar una mirada que prioriza la prevención y el vínculo comunitario.
La iniciativa se desplegó en cinco plazas —Moreno, Malvinas, Yrigoyen, Rocha y Belgrano— y reunió a cientos de vecinos y vecinas que se acercaron desde temprano. Allí se ofrecieron vacunación, testeos de VIH y sífilis, controles de presión arterial, evaluaciones visuales, capacitaciones en RCP y espacios de promoción de la salud sexual integral. Pero más allá de las prácticas concretas, lo que se puso en juego fue una concepción, la salud no como respuesta tardía ante la enfermedad, sino como una construcción colectiva que empieza mucho antes de llegar a un hospital.
La experiencia también dejó al descubierto una demanda creciente. Las filas para acceder a la vacunación evidenciaron la necesidad de estas políticas y las dificultades actuales del sistema. La falta de dosis antigripales en hospitales y centros de salud, junto con la escasez de métodos anticonceptivos, aparece como una señal de alerta que impacta directamente en la población. El corrimiento del Estado nacional en el financiamiento sanitario no es una abstracción: se traduce en menos insumos, menos prevención y más riesgos.
En ese escenario, el rol de la Universidad pública adquiere una dimensión estratégica, por su inserción territorial y su compromiso con las problemáticas sociales. Las postas de salud funcionaron también como espacios de aprendizaje para los propios estudiantes, que pudieron articular saberes entre disciplinas y poner en práctica una lógica de trabajo interdisciplinaria, clave para el funcionamiento del sistema sanitario.
Lo que emerge es un doble movimiento; mientras la Universidad se esfuerza por ampliar derechos y fortalecer el acceso a la salud desde el territorio, las condiciones materiales para sostener ese entramado se deterioran. Una forma de sostener, en la práctica, una idea de lo público que resiste al ajuste y busca reconstruir lazos en un contexto de creciente fragmentación.
La escena de estudiantes tomando la presión, vacunando o enseñando RCP en una plaza es la expresión de un modelo en disputa, entre una salud entendida como derecho y otra reducida a servicio, entre una Universidad que se abre a la comunidad y un contexto que amenaza con achicarla. En esa tensión, lo que está en juego no es únicamente el presente del sistema sanitario o educativo, sino el tipo de sociedad que se proyecta hacia adelante.
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