El análisis político y económico volvió a cruzar lo local con lo internacional en una nueva columna de Gastón Garriga, que puso el foco en tres ejes: el resultado electoral en Hungría, el escenario de inestabilidad en Perú y el deterioro del poder adquisitivo en la Argentina como núcleo de la crisis actual.
La derrota de Viktor Orbán en Hungría -uno de los principales referentes de la derecha global y aliado de Donald Trump– fue leída como una señal de agotamiento de un ciclo político. Garriga retomó el concepto de “democracias iliberales”, sistemas donde los gobiernos llegan por vía electoral pero luego erosionan las instituciones desde adentro. En ese marco, planteó que la salida política posterior a la pandemia, que en muchos países se inclinó hacia la derecha, empieza a mostrar signos de desgaste: “La gente no vive mejor y empieza a revisar esas decisiones”.
En paralelo, Perú volvió a aparecer como caso testigo de un modelo que combina inestabilidad política estructural con una fuerte desigualdad social. Tras una nueva elección fragmentada, el país se encamina a un balotaje entre Keiko Fujimori y un candidato de perfil ultraconservador. Para Garriga, se trata de un sistema que no logra recomponerse desde las reformas de los años noventa: “Es un Estado fallido donde la mayoría vive en la informalidad mientras una minoría vinculada a sectores extractivos concentra ingresos en dólares”.
El vínculo con la Argentina aparece en las advertencias sobre ese esquema económico y social. “Cuando se habla del ‘modelo Perú’, hay que mirar que es una sociedad donde tener una heladera es un signo de estatus”, graficó.
En clave local, el diagnóstico fue directo; el principal problema económico hoy no es la inflación sino los ingresos. Una familia que percibe alrededor de 3,6 millones de pesos mensuales ya se ubica dentro del 10% de mayores ingresos del país. Sin embargo, ese nivel no garantiza capacidad de ahorro ni proyección: “Vivís sin deudas, pero no sos rico”.
Ese dato expone una estructura profundamente desigual; el 90% de la población se encuentra por debajo de ese umbral, con salarios que en muchos casos no alcanzan para cubrir necesidades básicas. “La economía no arranca porque no hay plata en el bolsillo”, sintetizó.
En ese contexto, también advirtió sobre un proceso más silencioso pero estructural como lo es el cierre de empresas industriales sin expectativa de reactivación. El caso de la fábrica de calzado John Foos, que pasó de exportar y emplear a cientos de trabajadores a cerrar sus puertas e importar producción, fue presentado como ejemplo de una tendencia más amplia. “A diferencia de otras crisis, ahora los empresarios no están esperando para reabrir: están vendiendo las máquinas porque no ven futuro industrial”, señaló.
Para Garriga, el modelo económico actual empuja a una reconversión hacia sectores primarios como la minería o los hidrocarburos, en detrimento de la producción y el empleo.
Finalmente, dejó planteado un debate hacia adelante, la necesidad de pensar políticas de recomposición del ingreso y medidas de alivio para los sectores endeudados. “Sin un shock distributivo, es muy difícil que la economía vuelva a funcionar”, concluyó.
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