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La libertad avanza… pero en círculos: economía en rojo, política en fuga

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La semana política nacional dejó al descubierto un cambio de clima que empieza a tensionar todos los frentes del gobierno de Javier Milei. En el plano internacional, el alineamiento irrestricto con Estados Unidos e Israel quedó expuesto frente a un escenario de creciente inestabilidad tras el conflicto con Irán, cuyos resultados distan de ser favorables para la estrategia occidental. Para la Argentina, que apostó a esa inserción sin matices, las consecuencias no son abstractas: se traducen en mayor incertidumbre financiera, presión sobre los precios de la energía y un debilitamiento de los márgenes de negociación internacional. En ese contexto, la figura de Donald Trump —que había funcionado como referencia política y eventual respaldo— pierde centralidad como factor de salvataje externo, dejando al oficialismo más expuesto y sin red en un tablero global cada vez más complejo.

En paralelo, el frente judicial comienza a mostrar movimientos que agregan presión al escenario político. Las causas que involucran a figuras cercanas al gobierno, desde el caso Libra hasta las derivaciones que salpican a Manuel Adorni, avanzan en un clima donde la Justicia parece empezar a leer el desgaste del oficialismo. La pregunta que sobrevuela es inevitable: si este proceso escalará hacia el círculo más íntimo del poder, incluyendo a los hermanos Milei. Históricamente sensible a los vientos políticos, el Poder Judicial podría estar anticipando un cambio de etapa, donde la debilidad relativa del Ejecutivo habilite investigaciones que hasta hace poco parecían impensadas.

Pero es la economía el terreno donde el desgaste se vuelve más tangible. Lejos de mostrar signos de recuperación, los indicadores profundizan su deterioro: la inflación retoma una tendencia ascendente, los despidos se multiplican al ritmo del cierre de empresas y comercios, y el consumo cae a niveles comparables con los peores momentos de la crisis de 2001 o la pandemia. En ese marco, las encuestas más recientes reflejan una caída pronunciada del apoyo al gobierno, que se ubica en torno al 24%, junto con una expectativa social cada vez más baja respecto al futuro. La promesa de estabilización y crecimiento choca con una realidad que golpea de lleno en la vida cotidiana, alimentando una decepción que ya no es marginal sino extendida.

En ese mismo escenario, casi en silencio y eclipsado por la centralidad de los escándalos políticos, avanzó un debate de enorme trascendencia estratégica: el vinculado a la Ley de Glaciares. Lo que está en juego allí no es menor: la protección de reservas de agua dulce fundamentales y la definición de un modelo de desarrollo en tensión entre explotación y preservación ambiental. La discusión mostró apoyos cruzados —con legisladores oficialistas y opositores, especialmente de provincias con intereses directos, acompañando determinadas posiciones— pero no logró instalarse en la agenda pública con la fuerza que amerita. Entre la saturación informativa por casos como el de Adorni y la falta de una narrativa clara por parte de la oposición, el tema pasó relativamente inadvertido para amplios sectores de la sociedad. Una señal de alerta: mientras se debaten cuestiones estructurales para el futuro del país, la política sigue sin encontrar la forma de traducir esos debates en un discurso que interpele, movilice y construya conciencia colectiva

Por otro lado el rumbo fiscal de 2026 comienza a mostrar con claridad su lógica: un ajuste profundo del Estado que recorta un 30% del gasto real respecto a 2023 y reconfigura prioridades con un sesgo marcadamente contractivo. Mientras áreas sensibles como salud, educación, ciencia, desarrollo social y obra pública sufren caídas drásticas —muchas veces cercanas a la paralización—, crece el gasto en inteligencia y se sostiene el peso de la deuda como eje ordenador del presupuesto. El resultado no es solo contable, sino político: un repliegue del Estado en funciones clave para el desarrollo y la cohesión social, que abre interrogantes sobre la viabilidad de políticas públicas esenciales en un contexto económico ya de por sí adverso

Gestión, candidaturas y tensiones: el mapa que empieza a dibujarse

La semana del gobernador Axel Kicillof dejó ver, con bastante claridad, dos planos que conviven y se tensionan: la gestión cotidiana en la provincia y la proyección de un liderazgo con aspiraciones nacionales.

En el plano de gobierno, Kicillof sostuvo una agenda marcada por inauguraciones, anuncios y presencia territorial, reforzando la idea de un Estado activo en áreas sensibles como infraestructura, educación y producción. En un contexto económico adverso, cada acto de gestión busca no sólo resolver demandas concretas, sino también construir una narrativa de contraste con el ajuste nacional. Sin embargo, estos avances conviven con limitaciones estructurales que no logran disipar del todo el malestar social, en una provincia atravesada por tensiones salariales, conflictos sectoriales y un humor social cada vez más exigente.

En paralelo, la semana tuvo un fuerte componente de construcción política nacional. Su participación en un evento de ciencia y tecnología en la Universidad de Buenos Aires no fue un hecho aislado: allí dejó mensajes tanto hacia afuera —defendiendo el rol del Estado, la inversión en conocimiento y un modelo de desarrollo productivo— como hacia adentro del propio espacio político, marcando posicionamiento y volumen propio. Kicillof parece decidido a disputar centralidad en un escenario donde el oficialismo busca reconfigurarse.

Pero esa construcción no está exenta de tensiones. Mientras el gobernador intenta ampliar su base de sustentación y tejer alianzas más amplias, comienzan a aparecer otras figuras con aspiraciones presidenciales dentro del mismo espacio. Esa proliferación de nombres abre interrogantes: ¿se trata de un esquema que suma volumen y diversidad o de movimientos que, en los hechos, buscan condicionar su proyección? Por ahora, la interna parece más enfocada en posicionamientos individuales que en la construcción de una estrategia común.

En ese marco, hay una ausencia aún que empieza a pesar: la de un programa claro y convocante. En un contexto de desilusión social y desgaste de la política, la disputa por nombres y liderazgos parece correr por delante de la discusión de proyectos. Y allí se juega, probablemente, uno de los desafíos centrales no sólo para Kicillof, sino para todo el espacio: volver a ofrecer una perspectiva que no sea únicamente resistencia o administración de la crisis, sino una propuesta capaz de interpelar a una sociedad que, hoy, mira con distancia y escepticismo. Las reuniones del MDF con el sector educativo y ahora la ciencia y la tecnología son auspiciosas actividades en el camino de confeccionar un plan de gobierno.

El temblor que atraviesa al gobierno de Javier Milei ya no se limita a los indicadores económicos: empieza a reconfigurar, con fuerza, el mapa político bonaerense. La caída en la actividad —con una industria que no logra recuperar terreno— y el deterioro del clima social impactan de lleno en la estrategia libertaria en la provincia de Buenos Aires, donde la construcción política aún es frágil y dependiente de la dinámica nacional. En ese contexto, el escándalo que rodea a Manuel Adorni funciona como un acelerador de tensiones: no sólo debilita una figura clave del oficialismo, sino que abre una disputa por los lugares de poder y obliga a recalcular candidaturas que hasta hace poco parecían definidas.

Ese vacío desata una verdadera danza de nombres y reposicionamientos. Mientras La Libertad Avanza busca reordenarse, emergen internas cada vez más visibles entre los sectores alineados con Karina Milei y los que responden a Santiago Caputo, con la Legislatura bonaerense como uno de los principales escenarios de disputa. Al no poder contar con Manuel Adorni en CABA, el nombre de Santilli suena para volver a la Capital, y en ese caso liberar el lugar de candidato a Gobernador de el Karinista Pareja, y a su vez correr al “caputista” Agustín Romo de la referencia provincial. “ Los clavos se sacan por arriba” decían esta semana en reunión libertaria. En paralelo, se barajan alternativas que incluyen figuras externas o acuerdos tácticos con dirigentes del Propuesta Republicana, lo que revela tanto la necesidad de volumen político como las dificultades para consolidar liderazgos propios.Santilli y Ritondo entran en esta cuenta.Así, entre crisis económica, desgaste de figuras nacionales y pujas internas, el proyecto libertario en la provincia entra en una etapa de redefinición, donde cada movimiento parece menos planificado y más condicionado por la urgencia.

En este contexto es que el próximo 25 de abril en la ciudad de Suipacha se lanzará el programa 2026 de la Escuela de Formación, Debate y Análisis Político de La Libertad Avanza, con la participación de dirigentes, legisladores, concejales, consejeros escolares y equipos técnicos de los 135 distritos bonaerenses, y con la posible presencia de Javier Milei y Karina Milei. Más allá de su presentación como un espacio de fortalecimiento político, la iniciativa también expone una necesidad evidente: buena parte de sus cuadros, recién llegados a la política, muestran serias dificultades para comprender el funcionamiento institucional y legislativo, algo que se refleja en intervenciones erráticas, discursos vacíos de contenido y una práctica reducida a la repetición de consignas nacionales. En ese marco, la capacitación aparece menos como una apuesta estratégica y más como un intento de corregir debilidades estructurales de un espacio que, hasta ahora, ha demostrado más vocación de confrontación que capacidad de construcción política.