En Tolosa, un espacio que supo ser taller ferroviario hace más de un siglo hoy se sostiene como un núcleo cultural y productivo. Comunidad Ferroviaria no es solo una agenda de actividades, es el resultado de años de organización y recuperación colectiva.
“El proyecto cultural tiene entre cuatro y cinco años, pero todo esto arranca en 2007”, explicó Juan Pujol, uno de sus impulsores. “Esto era un lugar abandonado, sin piso, sin techo, sin nada. Y la idea fue recuperarlo para construir un polo productivo”, agregó.
Esa reconstrucción hoy se traduce en una red concreta de trabajo: “Funcionan seis o siete cooperativas; herrería, carpintería, textil, una pizzería, una radio, una huerta y la parte cultural”. Y el objetivo no cambió; generar trabajo y mejores condiciones de vida para quienes forman parte.
Pero el contexto no ayuda, ya que “la situación económica, social y política se ha deteriorado mucho y a los proyectos autogestivos se nos hace más difícil”. Sin financiamiento estatal y con caída del consumo, sostener el espacio implica un esfuerzo constante.
El impacto se ve también en el público. “La gente piensa dos o tres veces antes de gastar. Y lo primero que se recorta suele ser la cultura”, marcó. Ir a un recital o a una obra, algo que debería ser cotidiano, empieza a verse como un lujo.
Frente a ese escenario, la respuesta es colectiva: “Todo lo que construimos fue gracias a la comunidad. Nos vinculamos con otros espacios, con cooperativas, con productores; sin esa red, no hubiésemos llegado hasta acá”.
“Buscamos albergar proyectos de todo tipo, con diversidad: teatro, ferias, música, muestras”, explicó, porque la idea es generar eventos, sostener un circuito donde el trabajo cultural tenga lugar.
De esta manera, Comunidad Ferroviaria sigue en movimiento. “El objetivo es que suceda la cultura y que los trabajadores puedan sostenerse”, resumió Pujol.
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