A veces las historias empiezan de forma mínima, con un timbre, una puerta, una curiosidad. Así comenzó el vínculo entre el periodista y escritor Matías Moscoso y la radio, hace más de una década, cuando apareció con una bicicleta y ganas de ver cómo se hacía un programa. Hoy, ese recorrido suma un nuevo capítulo, la publicación de su primera novela.
Chanchos en la ruta es el resultado de un proceso tan intenso como personal. “No sabía que estaba escribiendo una novela”, contó Moscoso. Lo que empezó como una necesidad de decir algo fue tomando forma hasta convertirse en una historia con identidad propia.
El libro, editado de manera independiente, narra la vida de un periodista atravesado por la rutina que decide enfrentarse a ella. En ese camino, aparecen recuerdos, preguntas y una búsqueda por reconectar con algo más profundo.
Lejos de una escritura lineal o planificada, el proceso fue irregular, con momentos de fluidez absoluta y otros de bloqueo. “Hay días en los que no sale nada, pero igual hay que quedarse, escribir, insistir”, explicó. Esa tensión entre disciplina e intuición terminó moldeando el texto.
Como suele ocurrir en la literatura, la frontera entre lo autobiográfico y la ficción es difusa. Moscoso reconoció que hay experiencias propias, pero también exageraciones, invenciones y juegos narrativos que le permiten construir un universo propio sin quedar atrapado en lo literal.
Las influencias aparecen sin ser explícitas; autores como John Fante, Charles Bukowski o Hunter S. Thompson resuenan en el tono y en cierta forma de mirar el mundo, aunque el resultado final busca encontrar su propia voz.
La novela también es un trabajo colectivo. Antes de llegar a imprenta, pasó por lecturas cercanas que aportaron devoluciones clave para ajustar el texto sin perder su esencia. “Confié en esas miradas, pero también defendí lo que quería contar”, señaló.
Publicada por una editorial independiente y con una primera tirada limitada, la obra ya tuvo una respuesta positiva en su preventa. Pero más allá de la publicación, hay algo más profundo en juego. Escribir, para Moscoso, también fue una forma de procesar, de ordenar, incluso de sanar. “Totalmente”, respondió cuando se le pregunta si la literatura puede transformar a quien la produce.
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