“Este puede ser el comienzo de una hermosa amistad”, decía Rick en Casablanca mientras el mundo se incendiaba a su alrededor. En el peronismo argentino de hoy, en cambio, el mundo parece derrumbarse y los dirigentes no se enamoran. En esta “Casa Negra” se pelean por futuros cargos, supuestas lealtades o traiciones, lugares en las listas, gestos internos y posicionamientos de cara a una carrera electoral que todavía parece lejana para una sociedad urgida por problemas mucho más concretos. La interna entre el sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner y el armado político del gobernador Axel Kicillof volvió a recrudecer esta semana tras la aparición de una bandera y pedidos de “Cristina Libre” en un acto del PJ bonaerense. El episodio dejó flotando una preguntatal vez incómoda: ¿qué habría pasado si la escena hubiese sido inversa? ¿Qué habrían dicho Cristina, Máximo Kirchner o cualquier cristinista si en un acto kirchnerista aparecía una bandera de “Axel Presidente” promovida por funcionarios alineados con el gobernador? ¿Habría sido bienvenida la intervención? ¿Se habría hablado de provocación, deslealtad o ruptura política u osadía política? ¿Era necesario sacar a las personas por medio personal de seguridad? ¿Y aplaudir su expulsión? El silencio posterior de Kicillof ¿fue Prudencia o tibieza? ¿Debió decir algo o fue mejor su mesura? El gobernador nombró varias veces a la ex presidente y cerró su discursocon “Viva Perón, Evita, Nestor y Cristina”
Pero el problema de fondo no parece estar allí o en los movimientos tácticos de cada sector, sino en el desacople cada vez más evidente entre las discusiones dirigencialesde cierta militancia y las angustias sociales reales. “Los problemas de tres pequeñas personas no significan nada en este loco mundo”, decía otra de las frases inolvidables de Casablanca. Y aunque el sentido original apuntaba al drama romántico de la película, la frase parece adquirir hoy un tono irónico frente a cierta dirigencia o militantes peronistas atrapados en conflictos de tribu mientras más de un millón de chicos se va a dormir sin cenar, millones de jubilados no llegan a fin de mes, o no pueden comprar sus remedios, y la precarización atraviesa la vida cotidiana de amplios sectores populares. La causa judicial contra Cristina, atravesada por enormes irregularidades y un sistema judicial profundamente cuestionado, merece, sin dudas, una discusión seria sobre el lawfare y la calidad institucional. Pero también cabe preguntarse si esa es hoy la prioridad absoluta de las mayorías populares o si el pueblo espera algo más que consignas, liturgias identitarias y nombres repetidos como contraseña política.
Mientras tanto, el Movimiento Derecho al Futuro continúa impulsando acciones en modo “precampaña”. Esta semana fue el turno de mujeres y diversidades, y allí Kicillof dejó una definición que muchos interpretaron hacia afuera, aunque quizá también interpele hacia adentro del propio espacio kicillofista: ““Hay que salir a buscar, ampliar, convocar, abrazar, escuchar. No hay que encerrarnos, no hay que perder el tiempo en internas. Hay que ser humildes y generosos”. En otro momento de su discurso definió” No te puede pasar que no seas contemporáneo de vos mismo”. La frase sintetiza uno de los dilemas centrales del movimiento: cómo sostener sus banderas históricas sin quedar atrapado en formas políticas que ya no logran interpretar las transformaciones del presente. Tal vez el desafío sea justamente el contrario: actualizar sin perder identidad y discutir el futuro sin quedar presos de las liturgias del pasado. ¿Ortodoxia doctrinaria y metodología revolucionaria? El gobernador cerró su discurso con un “Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina”
Sucede que el riesgo que corre el peronismo no es solamente electoral. El riesgo es cultural, social y político: seguir discutiendo quién conduce mientras se pierde la capacidad de representar a partir de la construcción de programa alternativo, liberador, verdadero, concreto, palpable, realizable. Porque algo ocurrió —o dejó de ocurrir— para que Javier Milei llegara a la Presidencia. Y esa discusión no puede resolverse únicamente señalando errores ajenos o construyendo enemigos internos. En esta versión criolla de la famosa película, el mundo parece derrumbarse mientras buena parte de la dirigencia peronista se consume en disputas internas, operaciones cruzadas y carreras prematuras hacia 2027. En paralelo, el lanzamiento del ex gobernador Sergio Uñac como precandidato presidencial, acompañado por rumores de cercanía o guiños cristinistas, confirma que las piezas del tablero empiezan a moverse antes de que exista siquiera una síntesis política común. Y así aparecen nombres, especulaciones y armados: Brito, Massa, Guebel. ¿Mejores candidatos que Kicillof? ¿Habrá internas reales o nuevamente acuerdos de cúpula?¿ Y el proyecto o programa? ¿Qué unirá al peronismo, ideas o nombres, propuestas o caras? ¿Hoy todos peleados, a los codazos y mañana compartiendo lista?
La pregunta entonces no es solamente quién conduce o quién expresa mejor la herencia peronista y kirchnerista. La verdadera pregunta es si el peronismo logrará volver a mirar el país real antes de quedar definitivamente atrapado en su propia “Casa Negra”: un espacio cerrado sobre sí mismo, donde las discusiones internas terminan pesando más que las urgencias sociales y donde la falsa épica de las tribus reemplaza lentamente la construcción de un proyecto colectivo capaz de volver a enamorar a una sociedad golpeada y cansada.
La región entre claros y oscuros
Una de las notas relevantes de la semana a nivel regional fue que el presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Fernando Tauber, profundizó su articulación política e institucional con el gobierno bonaerense tras mantener una reunión con el ministro Carlos Bianco para avanzar en una agenda común vinculada a vivienda, infraestructura, transporte, producción y desarrollo tecnológico. Durante el encuentro también se analizaron proyectos estratégicos para la región, iniciativas de electromovilidad y el aporte técnico de la UNLP en materia informática y electoral, consolidando así un vínculo cada vez más estrecho entre la casa de estudios y la gestión provincial encabezada por Kicillof.
Por otro lado, este fin de semana el Autódromo Roberto Mouras volvió a quedar en el centro de la escena judicial luego de un allanamiento realizado por la Policía Federal en plena jornada de competencias del Turismo Carretera y categorías asociadas. El operativo, ordenado por la Justicia platense, se dio en el marco de investigaciones que desde hace meses ponen bajo la lupa al clan encabezado por Hugo Mazzacane y su entorno dirigencial en la Asociación Corredores Turismo Carretera. Las causas avanzan sobre presuntas maniobras de evasión fiscal, uso de facturación irregular y desvío millonario de fondos, en un expediente que también involucra a empresas vinculadas a la familia y que ya derivó en allanamientos previos tanto en la ACTC como en otros espacios relacionados con el automovilismo nacional.
En otro orden de cosas, el acto de Mujeres y Diversidades realizado esta semana en Ensenada, y del que dimos cuenta en la semana y en esta misma editorial, volvió a mostrar a Mario Secco como uno de los principales sostenes políticos del proyecto que impulsa a Kicillof hacia una construcción de mayor proyección nacional. El intendente ensenadense no solo ratificó su alineamiento con el gobernador bonaerense, sino que además consolidó su peso como dirigente regional y provincial capaz propiciar la articulación de sectores del peronismo y el progresismo, los cuales buscan discutir, al parecer, una renovación política frente al escenario actual. La fuerte convocatoria y la centralidad que tuvo Secco en la organización del encuentro también funcionaron como una señal interna dentro del peronismo bonaerense: el armado territorial y político en torno a Kicillof continúa creciendo y sumando volumen propio más allá de las tensiones existentes dentro del oficialismo provincial.
En la política berissense, mientras tanto suceden cosas, y vaya como. “Tocala de nuevo Sam”, parece ser la frase que linkea con Casablanca. Otra vez la misma música. Como otras veces, pareciera suceder que los problemas personales, los egos, las disputas de cartel y las especulaciones terminan ocupando más espacio que las preocupaciones reales de una comunidad golpeada por la inseguridad, la crisis económica, problemas de gestión local y el desgaste social. La semana política en Berisso volvió a dejar esa sensación amarga. Mientras en el Honorable Concejo Deliberante de Berisso se aprobaba la Rendición de Cuentas con algunos votos opositores que volvieron a generar ruido interno y especulaciones políticas, la escena pública quedaba atravesada por situaciones vergonzosas, nuevas polémicas, acusaciones cruzadas y silencios incómodos.
Uno de los episodios que más secuelas dejó fue el enfrentamiento entre el concejal Federico Ruiz y el Secretario de Seguridad, Gabriel Marotte. El conflicto no solo expuso tensiones personales, y las crecientes internas en un cagliardismo que por momentos parece desmadrado, sino también un problema político más profundo: la naturalización de ciertas formas violentas dentro de la propia dirigencia oficialista. Son varios las y los funcionarios de la gestión Cagliardi que han tenido denuncias de amenazas por parte de empleados municipales. Ruiz, por su parte, aseguró públicamente que nunca recibió disculpas, mientras varios colegas legislativos adoptaron posturas ambiguas y contradictorias según conveniencias coyunturales. Marotte, habituado a recorrer medios y micrófonos con comodidad, esta vez eligió el silencio al día de hoy, y prácticamente desapareció de la escena pública justo cuando más explicaciones parecían necesarias. Y el problema no es solamente el episodio en sí, sino que el hombre en cuestión es quien tiene a cargo la Secretaría de Seguridad, ni más ni menos . Igualmente, quizás sea como reza su nuevo y grondonesco perfil de wasap “todo pasa”.
Pero en este debate de la “violencia política” aparece además una contradicción que atraviesa a buena parte de la dirigencia política, tanto oficialista como opositora. De un lado de la grieta se reclama moderación y cordura frente a los modos agresivos de Milei, pero muchas veces no se denuncia ni se condena con la misma firmeza cuando los destratos, agravios o comportamientos violentos ocurren dentro del propio espacio político. Del otro lado sucede algo similar: dirigentes libertarios cuestionan localmente prácticas o actitudes que luego justifican a nivel nacional bajo argumentos como “esas son sus formas” o “ya sabían cómo era antes de votarlo”. La doble vara parece haberse transformado en regla general. La coherencia, mientras tanto, sigue ausente.
En la oposición berissense las tensiones tampoco tardaron en salir a la superficie. El “referente” libertario Fabián Lagorio acusó públicamente a Del Curto de mantener acuerdos subterráneos con el Ejecutivo local a partir de sus reiteradas coincidencias legislativas y de un supuesto “cambio de camiseta”. La respuesta llegó rápidamente en forma de Carta Documento, elevando aún más el nivel de confrontación. Así transcurre la política local: entre sospechas, operaciones, denuncias cruzadas y disputas de posicionamiento que muchas veces parecen más vinculadas a futuras candidaturas que a la resolución de problemas concretos.
Mientras tanto, parte de la dirigencia sigue posando sonriente para las cámaras, participando de actos, recorriendo medios, o como metodología para disputarpequeñas cuotas de poder desconectadas del humor social. “¿De qué se ríen?”, preguntaba con crudeza un vecino —con nombre y apellido, no desde el cobarde anonimato virtual de perfiles falsos— en una red (anti) social al ver fotos de funcionarios y dirigentes cuasi exultantes en medio de una ciudad atravesada por la incertidumbre. Y la pregunta, aunque incómoda, resulta profundamente política. Porque quizás el mayor problema no sea solamente la interna permanente o las contradicciones discursivas, sino la creciente distancia entre quienes gobiernan, legislan, o militan, y una sociedad que hace tiempo dejó de sentirse reflejada o interpelada por esas sonrisas “de ocasión”.
Al final de Casablanca, Rick Blaine decide renunciar al amor de Ilsa para ayudarla a escapar junto a su esposo, Victor Laszlo, uno de los líderes de la resistencia contra el nazismo. Aunque Ilsa y Rick siguen enamorados, él comprende que, en medio de la guerra y el derrumbe del mundo, la causa colectiva es más importante que sus deseos personales.
La escena ocurre en un aeropuerto envuelto en niebla, uno de los finales más famosos de la historia del cine. Rick convence a Ilsa de subir al avión con Laszlo diciéndole que, si se queda, terminará arrepintiéndose: “Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto y por el resto de tu vida”.
Antes de la partida, Rick mata al mayor Strasser para permitir que el avión despegue. Luego llega el capitán Renault, quien en lugar de arrestarlo decide encubrir lo ocurrido. Es allí cuando Rick pronuncia la frase final más célebre de la película:
“Louis, creo que este es el comienzo de una hermosa amistad” decíamos al principio e intentamos resignificar.
En la neblina final de este clásico del cine nacía “una hermosa amistad”. No entre hombres perfectos, sino con errores, defectos, mortales, personas al fin que comprendían que había causas más grandes que sus propias miserias. ¿Tal vez algo de eso sea lo que hoy le falta a la política?: reconstruir la amistad perdida con una comunidad cansada de promesas vacías, internas eternas y dirigentes que muchas veces parecen no sentir, ni pensar, como el resto de la sociedad y que se hablan solo entre ellos. Porque cuando la política deja de escuchar, de representar y de conmover, lo que se rompe no es solamente una elección: se rompe el vínculo emocional que sostiene a la democracia. Y es allí donde se deja terreno fértil para los antidemocráticos.