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Los audios que comprometen al gobierno y colaboran con la fragmentación

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Gastón Garriga planteó que la difusión de los audios privados de Javier Milei no debe leerse solamente desde el contenido, sino desde el momento político en el que aparecen; en plena disputa entre el sector de Santiago Caputo y el armado de los Menem dentro del gobierno libertario. Según su análisis, los audios funcionan más como una señal de operaciones internas y de fragilidad política que como un escándalo institucional en sí mismo.

En ese marco, también vinculó la situación con la causa de los “cuadernos”, luego de que trascendiera que el encargado del edificio donde vivía Cristina Fernández de Kirchner aseguró haber declarado bajo presión y negó haber visto bolsos con dinero. Para Garriga, esto vuelve a poner en discusión el accionar del fallecido juez Claudio Bonadio y del fiscal Carlos Stornelli, en una causa que marcó gran parte de la agenda política argentina durante los últimos años.

Otro de los puntos centrales fue la figura de Patricia Bullrich. Garriga interpretó que la ministra ya comenzó a despegarse políticamente del gobierno nacional y que su alejamiento de las reuniones de gabinete evidencia una ruptura en proceso. Incluso planteó la posibilidad de que Bullrich intente capitalizar el desgaste libertario y construir un espacio propio junto a sectores desplazados del oficialismo, mencionando también a Victoria Villarruel como parte de ese eventual reordenamiento político.

En relación a la economía, el analista cuestionó el anuncio oficial sobre la baja de retenciones al agro. Señaló que la medida no conforma ni siquiera a buena parte de los productores rurales porque, según explicó, los beneficios terminan concentrándose en las grandes cerealeras y exportadoras. Además, advirtió sobre el deterioro económico general, el cierre de industrias y el atraso cambiario que afecta la competitividad argentina.

Finalmente, la charla derivó en el clima social que atraviesa el país. Allí se remarcó que, a diferencia de otros momentos históricos, no existe entusiasmo popular ni siquiera frente al próximo mundial de fútbol, algo que interpretaron como síntoma de una crisis económica y social que atraviesa la vida cotidiana y dificulta que cualquier tema logre eclipsar las preocupaciones centrales de gran parte de la sociedad argentina.

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