La fotografía como oficio, mirada y forma de conocer el mundo

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En el marco del Día Mundial de la Fotografía, que se celebra cada 19 de agosto, el fotógrafo Nicolás Freda habló sobre el oficio, la transformación tecnológica y el valor de construir una mirada propia detrás de cada imagen.

La fecha recuerda el 19 de agosto de 1839, cuando el gobierno francés adquirió y liberó la patente del daguerrotipo, procedimiento desarrollado por Louis Daguerre, favoreciendo así la expansión de la fotografía.

Freda contó que su vínculo con la fotografía comenzó durante la adolescencia, influenciado por su padre, quien practicaba la actividad como hobby. “Me mostraba autores, a Cartier-Bresson, a ciertos fotoperiodistas con mucha vinculación social”, recordó. Aquellas referencias despertaron una pasión que con el tiempo se transformaría en un oficio y en una manera particular de observar el mundo.

Sus primeros pasos estuvieron ligados a la fotografía analógica. Hace aproximadamente dos décadas, cuando tenía 17 o 18 años, comenzó a trabajar con una cámara Minolta y rollos de película. Aquella experiencia implicaba convivir con el error y con la limitación de los 36 disparos disponibles. Cada fotografía suponía una decisión previa y obligaba a pensar antes de accionar el disparador.

El contraste con la actualidad resulta evidente. La expansión de la fotografía digital y, especialmente, de los teléfonos celulares, multiplicó las posibilidades de registrar imágenes. Para Freda, esa accesibilidad constituye un aspecto positivo, pero también plantea un nuevo desafío, seleccionar. “Hoy hay tanto que, a la vez, no vemos nada”, sintetizó. En un contexto donde producir fotografías es sencillo, la construcción de una mirada singular adquiere un valor todavía mayor.

En ese sentido, el fotógrafo consideró que también se modificó el lugar del oficio. “Hoy somos, entre comillas, todos fotógrafos o fotógrafas, pero en realidad nadie es fotógrafo”, planteó. La disponibilidad de cámaras cada vez más sofisticadas permite obtener imágenes técnicamente buenas, pero la diferencia «continúa estando en aquello que cada persona observa, decide registrar y finalmente elige conservar».

Freda también habló de una característica inseparable de su manera de trabajar, la atención permanente sobre aquello que sucede alrededor. Un rayo de luz sobre un objeto cotidiano, un gesto inesperado o una escena aparentemente insignificante pueden convertirse en una fotografía. Para él, allí existe algo “mágico”, comparable con la aparición de una imagen durante el proceso de revelado analógico.

Los viajes constituyen otra dimensión importante de su trabajo. El fotógrafo participó de un recorrido de cuatro meses por distintos países de Latinoamérica junto a su compañera, una experiencia que derivó en el libro Terruños. El proyecto reunió registros de seis experiencias vinculadas con la agroecología, el buen vivir y distintas formas comunitarias de organización.

“La fotografía para mí siempre es eso también, una excusa para conocer a la gente”, manifestó. Desde esa perspectiva, la cámara funciona como una herramienta para acercarse a otros espacios y personas. La imagen no constituye únicamente el resultado final, sino también una vía de acceso a historias, territorios y experiencias que de otro modo podrían permanecer invisibilizadas.

Actualmente, Freda atraviesa una etapa diferente de su recorrido profesional. Trabaja con grupos y colectivos vinculados con registros de experiencias agroecológicas y forma parte de Plaga Colectiva. Además, se desempeña como editor de fotografía en Agencia Tierra Viva, tarea que le permite profundizar otro aspecto central del oficio; aprender a seleccionar, ordenar y decidir qué imagen resulta pertinente para acompañar cada historia.