En la previa del Día de la Industria, más de 600 trabajadores y delegados sindicales, empresarios, representantes de cámaras, autoridades universitarias, docentes, estudiantes y miembros de escuelas técnicas se reunieron para discutir algo que excede largamente la situación de una rama de la economía: qué lugar debe ocupar la industria en el proyecto de país.
La jornada “Industria, trabajo, productividad y calidad de vida”, organizada por la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA), reunió a cerca de 40 organizaciones sindicales y abrió una discusión poco habitual por la amplitud de los sectores convocados. La industria fue abordada desde el trabajo, la educación, la tecnología, el ambiente, la comunicación y la política económica.
El punto de partida fue un diagnóstico contundente. Desde noviembre de 2023, la industria perdió 97.312 puestos de trabajo registrados y cerraron 4.020 empresas manufactureras. Según los datos presentados durante el encuentro, la actividad industrial cayó 7,9% entre 2023 y 2025 y, en junio de 2026, la utilización de la capacidad instalada llegó al 59,1%. Es decir: una parte importante de la estructura productiva permanece directamente sin utilizar.
Pero detrás de esos números aparece una discusión más importante. ¿La Argentina quiere producir o limitarse a comprar lo que otros producen?
Para la CSIRA, no existe un proyecto de soberanía política, independencia económica y justicia social separado de una estrategia industrial. La industria manufacturera representa alrededor del 18% del PIB, genera unos 2,5 millones de empleos directos y concentra aproximadamente la mitad de la inversión empresarial en investigación y desarrollo. No se trata, por lo tanto, solamente de fábricas: detrás de cada proceso industrial existe conocimiento, formación, tecnología, empleo, proveedores, logística y capacidad de generar valor.
La escuela técnica también forma parte de la discusión industrial
El deterioro del financiamiento del Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional fue señalado como uno de los problemas más graves. Según el documento elaborado por la CSIRA, a agosto de 2026 los recursos acumulaban una caída real del 93,9% respecto de 2023.
Uno de los aspectos más interesantes del encuentro fue que la discusión no quedó encerrada entre dirigentes sindicales y empresarios. La educación técnica ocupó un lugar central.
La preocupación no es solamente presupuestaria. Si una industria necesita trabajadores formados, técnicos capaces de manejar nuevas tecnologías y jóvenes preparados para incorporarse a procesos productivos cada vez más complejos, entonces discutir educación técnica es discutir también qué industria se pretende tener.
De allí la propuesta de fortalecer la articulación entre escuelas, universidades y empresas, actualizar perfiles profesionales, ampliar las prácticas profesionalizantes y recuperar políticas de capacitación laboral.
En otras palabras: no alcanza con defender las fábricas si no se construye al mismo tiempo el conocimiento necesario para hacerlas funcionar y transformarlas.
Tecnología: el problema no es la inteligencia artificial
La discusión tecnológica introdujo otra cuestión que muchas veces aparece planteada de manera simplificada: inteligencia artificial, automatización y robotización.
La pregunta no debería ser solamente cuántos puestos de trabajo puede reemplazar una máquina. También debería ser quién decide cómo se incorpora esa tecnología, quién se apropia de sus beneficios y qué capacitación reciben quienes tendrán que trabajar con ella.
La CSIRA planteó la necesidad de una estrategia nacional de adopción tecnológica acompañada por capacitación permanente y una transición justa, con participación de los trabajadores y sus organizaciones.
La advertencia de Daniel Herrero, representante de Mercedes-Benz y Prestige Auto, apuntó precisamente en esa dirección: “el riesgo no es el cambio tecnológico, sino que nosotros nos quedemos o nos sentemos a ver como es el cambio y esperar que otros países tomen decisiones estratégicas”.
La discusión, entonces, no es tecnología sí o tecnología no. Es qué tecnología, para qué producción y bajo qué estrategia nacional.
Productividad no debería ser una palabra ajena al trabajo
También resultó significativa la discusión alrededor de la productividad.
Julia Strada, directora de CEPA y diputada nacional, planteó que el movimiento obrero no debería ceder ese concepto: “el concepto de productividad no se lo podemos regalar a otros, tiene que ser nuestro, de los trabajadores”.
La frase encierra una discusión de fondo.
Durante mucho tiempo, productividad fue presentada casi exclusivamente como una cuestión empresaria: producir más, reducir costos y aumentar competitividad. Pero también puede ser pensada desde otro lugar: mayor productividad para generar mejores salarios, más inversión, mejores empleos y mayor capacidad tecnológica.
El desafío consiste en que el aumento de la productividad no termine siendo simplemente otra forma de reducir el costo laboral, sino una herramienta para aumentar la capacidad productiva del país y mejorar las condiciones de vida.
Una industria que necesita volver a ocupar un lugar en la conversación pública
Otro de los paneles puso el foco en algo que suele quedar relegado: la comunicación.
La industria aparece muchas veces en los medios cuando hay despidos, cierres de empresas o conflictos sindicales. Mucho menos frecuente es encontrar una explicación sobre qué produce una fábrica, cuántos trabajadores involucra, qué conocimiento genera, qué proveedores moviliza o qué lugar ocupa dentro de una cadena de valor.
Por eso la CSIRA propuso construir una estrategia de comunicación permanente, utilizando medios tradicionales, redes sociales y plataformas de streaming, con trabajadores, técnicos y empresarios como protagonistas.
La disputa también pasa por ahí: si la sociedad no conoce lo que produce, difícilmente pueda comprender qué pierde cuando una industria desaparece.
Una discusión que excedió al sindicalismo
Quizás una de las características más relevantes de la jornada haya sido precisamente la composición de la mesa.
Sindicatos, empresarios, cámaras empresariales, universidades y escuelas técnicas compartieron un mismo espacio de discusión. Franco Bartolacci, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional y rector de la Universidad Nacional de Rosario, advirtió sobre lo que definió como una “campaña sistemática para desprestigiar a la universidad pública, al movimiento obrero y a la industria nacional”.
Desde otro lugar, pero en la misma discusión sobre el futuro productivo, Herrero insistió en la necesidad de mirar la cadena de valor completa y no solamente las grandes terminales.
Cristian Jerónimo, representante de la CGT, resumió su posición alrededor de una idea: “no nos podemos permitir tener un país sin valor agregado”.
Y Ricardo Pignanelli, de SMATA y la CSIRA, puso la mirada en los jóvenes de las escuelas técnicas. Contó que les pidió propuestas porque, según expresó, “están esperando una mano que les indique el camino”.
Tal vez allí aparezca una de las claves de todo el encuentro.
La industria como proyecto de país
La discusión industrial no puede reducirse a defender empresas existentes ni a reclamar medidas coyunturales frente a una caída de la producción.
Implica decidir qué se quiere producir, con qué tecnología, con qué trabajadores, con qué formación, con qué financiamiento, para qué mercado y con qué capacidad de exportar.
Implica también discutir qué lugar tendrán las universidades, las escuelas técnicas, los sindicatos, las empresas y el Estado en esa estrategia.
Por eso la conclusión de la jornada resulta más política que sectorial.
Sin industria no hay solamente menos fábricas. Hay menos trabajo, menos conocimiento, menos tecnología, menos proveedores, menos capacidad de decidir qué producir y, en definitiva, menos margen para decidir qué país construir.
La discusión que abrió la CSIRA parte de una premisa sencilla pero decisiva: la Argentina no puede discutir su futuro económico sin discutir su estructura productiva.
Y quizás esa sea la pregunta que debería quedar después del Día de la Industria:
¿Queremos una Argentina que venda materias primas y compre productos terminados, o una Argentina capaz de transformar lo que tiene, agregarle conocimiento y convertirlo en trabajo, producción y desarrollo?
