El comercio de Berisso atraviesa un escenario marcado por la caída del consumo, el aumento de los costos y la dificultad para sostener los alquileres. En el marco del Día del Empleado de Comercio, que se conmemora el 26 de septiembre pero este año se trasladó al lunes 28 para facilitar el cierre de los establecimientos, Mariano Shmarson, presidente de la Cámara de Comercio de Berisso y titular de Casa Basal, describió cómo está el sector este 2026.
“Está jodido para abrir”, resumió, al visibilizar que muchos comercios que cuentan con empleados decidieron cerrar durante la jornada, mientras que en los establecimientos familiares son los propios dueños quienes continúan trabajando para mantener las puertas abiertas.
Uno de los principales problemas es la falta de circulación de dinero. El dirigente contó que un cliente llegó a decirle que quería comprar determinados productos pero debía esperar hasta cobrar, a pesar de que todavía faltaban varios días para el cierre del mes. “Cada vez más temprano empieza el fin de mes”, indicó para describir un consumo cada vez más restringido.
La situación atraviesa prácticamente todos los rubros; desde talleres mecánicos y gastronomía hasta bazares, regalerías y comercios vinculados a productos importados, los empresarios buscan alternativas para sostener las ventas. En el caso de Casa Basal, el impacto también se siente por la importación y por la menor demanda. “Cambió mucho el consumo”.
Ante este escenario, la Cámara de Comercio viene impulsando actividades conjuntas para intentar movilizar las ventas durante fechas especiales. Después de las acciones realizadas por el Día del Niño y el Día del Padre, el sector prepara nuevas iniciativas para el Día de la Madre. La propuesta apunta a que los comercios trabajen de manera articulada y no como competidores aislados. “Es un momento de no vernos como competencia y juntarnos”, explicó.
La caída del empleo en la región también repercute directamente sobre los comercios. Shmarson comentó que cuando una persona tiene trabajo consume en su propia ciudad, mientras que cuando pierde ingresos o estos resultan insuficientes, el consumo local disminuye. “Si no tiene el laburo o no le alcanza, el consumo baja”, afirmó.
Otro indicador aparece en la forma de comprar. Según describió, cada vez es más habitual que los clientes recorran distintos negocios y distribuyan sus compras en pequeñas cantidades. “La gente no entra con bolsa a otro local, el consumo es mucho más medido”, observó. A esto se suma el cierre de establecimientos y la dificultad para sostener los alquileres, especialmente en las zonas comerciales tradicionales.
“Hoy tenemos dos o tres locales cerrados por cuadra” en sectores importantes. El fenómeno también modificó la fisonomía comercial de la ciudad ya que algunos espacios que permanecieron ocupados durante años quedaron vacíos, mientras que otros volvieron a abrir con nuevos emprendimientos. Entre ellos, destacó el crecimiento de la oferta gastronómica, con varios locales que anteriormente no estaban presentes en esas zonas.
En este contexto, el comercio berissense busca sostenerse a partir del trabajo cotidiano y de estrategias colectivas para atraer consumidores. Con menos dinero circulando y mayores costos para quienes deben afrontar alquileres y servicios, el desafío para el sector pasa por mantener abiertas las persianas y encontrar nuevas formas de generar movimiento comercial en la ciudad.