Villa Paula: cuando crecer también significa construir comunidad

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Villa Paula atraviesa una etapa de crecimiento que excede ampliamente los resultados dentro de una cancha. El club de barrio de Berisso viene consolidando un proyecto que combina desarrollo deportivo, obras de infraestructura, inclusión y una fuerte participación de las familias que forman parte de la institución.

Santiago D’Elía, presidente del fútbol infantil de Villa Paula, repasó en Deportres el camino recorrido durante los últimos años y destacó el compromiso de quienes sostienen cotidianamente al club. “Villa Paula es pico y pala”, resumió para describir una dinámica de trabajo en la que dirigentes, profesores, madres, padres y colaboradores participan de las tareas necesarias para mejorar las instalaciones.

Uno de los principales avances estuvo relacionado con el crecimiento deportivo, donde Villa Paula logró presentar todas sus categorías en competencia y mejorar considerablemente sus posiciones en la tabla general. “Antes salíamos último o anteúltimo y no había chance. Hoy ver la cantidad de puntos que sumamos y las categorías que pelearon campeonatos es un golazo”, explicó.

El crecimiento también se refleja en la cantidad de chicos y chicas que se acercan al club, en una institución que cuenta con categorías mixtas y, según explicó su presidente, actualmente hay presencia de niñas en seis de las ocho categorías. El objetivo, además de competir, es que el fútbol funcione como un espacio de formación y acompañamiento. “No es solamente que la pelota entre o que el pibe aprenda a cabecear”, señaló.

En ese sentido, Villa Paula también trabaja sobre cuestiones que exceden lo estrictamente futbolístico como lo es el respeto por los compañeros y rivales, el vínculo entre las familias, la convivencia y la manera de atravesar las victorias y las derrotas. “Es una etapa formativa, pero en serio”, sostuvo D’Elía, quien también destacó la necesidad de acompañar a los profesores en una tarea que considera fundamental.

El proyecto institucional cuenta una fuerte impronta de inclusión; la cuota societaria anual se mantiene en $8.000 y, según explicó el dirigente, quienes no pueden abonarla igualmente pueden participar. El club también comenzó a ofrecer refrigerios después de los partidos, tanto para sus equipos como para los visitantes, y puso en funcionamiento un ropero comunitario.

En materia de infraestructura, uno de los grandes desafíos es la puesta en condiciones del predio ubicado en la zona de 14 y 149 Norte. Allí ya se realizaron trabajos de nivelación y se incorporaron reflectores LED para avanzar hacia un espacio que permita ampliar las posibilidades de entrenamiento. El club también proyecta mejoras en el buffet, vestuarios y otros sectores de la sede.

Entre las obras que más orgullo generan aparece la construcción de nuevos bancos de suplentes y la mesa de control techada. “Los sueños se pueden cumplir en realidad”, expresó el referente al recordar el momento en que vio terminada una obra que tiempo atrás parecía difícil de alcanzar.

El próximo desafío será la realización de una nueva edición del torneo nocturno de Villa Paula, una actividad que requiere contar con la cancha iluminada y que se convirtió en parte de los objetivos institucionales. Para financiar las obras, el club lleva adelante una rifa y apela también al trabajo colectivo de toda su comunidad.

Para D’Elía, el crecimiento del club no puede atribuirse a una sola persona. “Los laburos son colectivos”, remarcó. Y allí parece estar una de las claves del proceso que atraviesa la institución; un club que busca mejorar sus instalaciones y resultados deportivos, pero que también pretende construir una identidad propia y convertirse en un espacio de pertenencia para los chicos y sus familias.