Andrea “La Tana” Ruscitti, una vida dedicada a la tierra y a preservar la historia de la Isla Paulino

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La productora frutícola y vitivinícola de Berisso fue nominada a los premios Lía Encalada 2026, un reconocimiento que distingue a mujeres rurales de todo el país. En entrevista con Frecuencia Camalote, repasó su historia familiar, el trabajo en La quinta de Miguel y expresó su preocupación por el deterioro ambiental y la falta de respuestas de las autoridades en la Isla Paulino.

“La Tana”, es una de las referentes de la producción rural de Berisso; al frente de La quinta de Miguel, ubicada en la Isla Paulino, sostiene una tradición familiar vinculada a la fruticultura, la vitivinicultura y la elaboración artesanal de alimentos. Su trayectoria fue reconocida con una nominación a los premios Lía Encalada 2026, una distinción que busca visibilizar el trabajo de las mujeres rurales y sus aportes a las comunidades y los territorios.

La nominación llegó a partir de la postulación de su nieta y le permitió participar de un encuentro que reunió a más de 200 mujeres de distintos puntos del país y de otros 23 países. La experiencia significó una oportunidad para conocer historias de vida atravesadas por el esfuerzo, las dificultades y la defensa de las economías regionales. De esta manera, destacó especialmente el intercambio con otras productoras y reconoció que escuchar sus experiencias le permitió dimensionar la diversidad de realidades que atraviesan las mujeres rurales.

Su vínculo con la tierra comenzó durante la infancia. “Creo que salí de la panza de mi vieja”, contó al recordar sus primeros años de trabajo en la quinta familiar. Sin embargo, durante la adolescencia imaginaba un futuro lejos de la isla, asociada entonces al esfuerzo físico, las dificultades económicas y las condiciones climáticas extremas.

Con el paso del tiempo, esa historia se convirtió en parte de su identidad y en el compromiso de preservar el legado de sus padres, especialmente el de su madre, a quien considera una trabajadora rural que también merecía reconocimiento por su esfuerzo cotidiano.

Actualmente, junto a su marido, sostiene una producción que combina viñedos, una amplia variedad de frutales y una huerta; con parte de las materias primas elabora dulces, licores, vinos, escabeches y otros productos artesanales. Además, destacó que la quinta fue certificada como agroecológica, un paso que considera fundamental frente al uso extendido de pesticidas y otras sustancias químicas. La finca también cuenta con una particularidad reconocida por la productora: es la única quinta declarada por el Senasa por su variedad de frutas. A pesar de su importancia productiva e histórica, mantener el emprendimiento representa un desafío permanente, agravado por los cambios climáticos, las inundaciones, las crecidas del río y las dificultades para conseguir trabajadores.

En ese sentido, la productora explicó que la comercialización depende de las ferias y los encuentros en los que participa, aunque no siempre puede asistir debido a las tareas que demanda el establecimiento. También cuestionó la falta de acompañamiento institucional y las dificultades para acceder a espacios adecuados en eventos de la región. Como ejemplo, mencionó que en la Fiesta del Vino de Berisso le asignaron un puesto de dimensiones reducidas que le impidió exhibir buena parte de su producción; asimismo, relató inconvenientes durante su participación en Berisso Gourmet, donde encontró restricciones para ofrecer algunos de sus productos. Para Ruscitti, estas situaciones reflejan la falta de reconocimiento hacia una trayectoria construida durante décadas y hacia el valor cultural, productivo y patrimonial de la quinta.

Uno de los momentos más críticos de la entrevista estuvo dedicado a la transformación de la Isla Paulino. La productora manifestó su preocupación por la ocupación de sectores del humedal, la acumulación de residuos, la presencia de animales sueltos y la falta de controles ambientales. También denunció que las instalaciones turísticas presentan problemas de mantenimiento y cuestionó la ausencia de políticas sostenidas para proteger el territorio.

Frente a este panorama, consideró que cualquier intento de recuperación debe comenzar con una mayor presencia de las autoridades en el territorio. “Sentadito en el sillón, en la oficina, no se resuelven los problemas y mucho menos en la isla”, afirmó. También reclamó un acompañamiento concreto a los productores y recordó las pérdidas sufridas por temporales, crecidas e inundaciones, además de los daños ocasionados por animales que ingresaron a su quinta. A su vez, destacó el trabajo educativo que desarrolla con escuelas de Berisso, Ensenada y La Plata, cuyos estudiantes visitan el establecimiento para conocer la producción, aprender sobre el reciclado y reflexionar sobre el cuidado del agua y del ambiente. Para la productora, estas experiencias son fundamentales para construir conciencia ambiental y fortalecer el vínculo de las nuevas generaciones con su territorio.

La nominación a los premios Lía Encalada representa para Andrea “La Tana” Russi una oportunidad para visibilizar una trayectoria que trasciende la producción de alimentos. Su historia reúne memoria familiar, trabajo rural, defensa ambiental y arraigo territorial. Desde la Isla Paulino, continúa sosteniendo una quinta histórica y transmitiendo saberes a quienes se acercan a conocerla, con la convicción de que preservar la tierra también significa proteger la identidad y la historia de Berisso.

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