“Hay un olor a 2001 en el aire”

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El aumento del riesgo país por encima de los 700 puntos y la posibilidad de nuevos recortes en el Estado encendieron las alarmas sobre la situación económica argentina. En su análisis político, Gastón Garriga trazó un paralelismo con la crisis de 2001 y advirtió sobre las dificultades del Gobierno para revertir el deterioro de las principales variables económicas. “Hay un olor a 2001 en el aire”, sintetizó.

Para el periodista, la preocupación se profundiza en un contexto internacional atravesado por la incertidumbre financiera, las tensiones en Medio Oriente y el encarecimiento de los combustibles. A ese escenario se suman las dificultades de la economía local y la posibilidad de que el Gobierno avance con la salida de hasta 20.000 trabajadores estatales. La combinación de recesión, caída de la recaudación y ajuste del gasto vuelve a instalar interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo económico.

Garriga también cuestionó las señales políticas del presidente Javier Milei y consideró que existe una desconexión creciente entre el discurso oficial y las dificultades cotidianas de la población. En ese sentido, dijo que la crisis no puede medirse únicamente por la pérdida de ingresos, sino también por el deterioro de las condiciones de vida, el endeudamiento de las familias y la fragilidad de los vínculos comunitarios.

En el plano opositor, destacó el acercamiento entre Axel Kicillof y Juan Grabois, al que consideró «una señal positiva para la construcción de una alternativa peronista». La experiencia territorial de Grabois y su conocimiento de las necesidades de los sectores populares «podrían aportar mayor audacia política y contribuir a la elaboración de propuestas vinculadas con el acceso a la vivienda, el trabajo y la producción de alimentos».

Sin embargo, advirtió que la reorganización del peronismo no puede limitarse a resolver las disputas internas por el liderazgo y las candidaturas. Para Garriga, es necesario «avanzar en un programa que contemple respuestas para los hogares endeudados, la recuperación salarial, el fortalecimiento del mercado interno y la definición del papel del Estado en la economía». También remarcó que, aunque existen discusiones y borradores en elaboración, todavía «no hay un planteo unificado que se haya instalado con fuerza en la agenda pública».

Frente a la posibilidad de que las definiciones electorales se posterguen hasta marzo, alertó sobre el riesgo de que una eventual crisis financiera acelere los acontecimientos. “Mi temor es que no haya marzo”, afirmó, al señalar que el país necesita una dirigencia preparada para responder ante un escenario de mayor inestabilidad.

La oposición, en tanto, debe comenzar a comunicar sus propuestas sin esperar a tener un programa completamente cerrado. En este punto, consideró que una parte de la sociedad pasó de respaldar al Gobierno a expresar desencanto y desconfianza hacia la política, un sector que será determinante tanto en las urnas como en la calle. El desafío consiste en «reconstruir esa confianza con respuestas concretas que permitan mejorar las condiciones de vida y ofrecer una perspectiva de futuro».