El espacio ubicado en La Plata denuncia el desmantelamiento de sus instalaciones y la falta de recursos para sostener la atención. Nelly Gamboa, madre de Sandra, advirtió que continúan llegando mujeres que necesitan asistencia y confirmó que el reclamo seguirá adelante.
Casa Sandra, el espacio de acompañamiento a mujeres en situación de violencia de género ubicado en calle 7 entre 45 y 46 de La Plata, atraviesa una situación crítica. En medio de las denuncias por el desmantelamiento de sus instalaciones y la falta de recursos, quienes sostienen el lugar reclaman su restitución y la recuperación del equipo interdisciplinario que trabajaba allí.
En diálogo con FM TresCiudades, Nelly expresó su preocupación por las decisiones que afectan el funcionamiento de la institución. Según relató que desde hace más de dos años le planteaban que la oficina debía funcionar a puertas cerradas y que no podía recibir directamente a las personas que atravesaban situaciones de violencia». “Yo necesito que la puerta se abra para todas las mujeres en situación de violencia y vulnerabilidad”, sostuvo.
Gamboa explicó que el lugar nació en memoria de su hija, asesinada en un contexto de violencia, con el objetivo de ofrecer escucha, contención y acompañamiento a otras mujeres. Recordó que el espacio logró funcionar con un equipo interdisciplinario y cuestionó que ahora se pretenda destinar el lugar a un espacio de memoria, sin garantizar la continuidad de la atención. “No tiene sentido venir a sentarme y quedarme todo el día. La idea es seguir acompañando a las mujeres”, afirmó.
La referente también denunció que, tras la caída del techo el pasado 28 de agosto, las mujeres continuaron acercándose y el acompañamiento debió sostenerse en la puerta del edificio. Como ejemplo de la demanda cotidiana, contó que hasta las nueve de la mañana del día de la entrevista ya habían recibido dos casos. “Nos siguen matando porque nos están cerrando las puertas”, advirtió, al señalar que la falta de recursos limita la posibilidad de brindar respuestas.
Actualmente, el trabajo se sostiene con la participación de alrededor de 20 promotoras que colaboran voluntariamente. Acompañan a las mujeres en las denuncias, las fiscalías y los juicios, y las orientan para gestionar medidas de protección, como restricciones de acercamiento y botones antipánico. También buscan alternativas para resolver necesidades urgentes, como alimentos, cuidado de niños, acceso a programas sociales y continuidad educativa.
Sin embargo, la falta de recursos obliga a la propia Gamboa y a sus compañeras a cubrir gastos de su bolsillo o recurrir a otras organizaciones para conseguir mercadería y asistencia. “No tengo ni agua, ni un pañuelito, ni plata para poder comprar. Me sacaron todos los recursos”, expresó. Por eso, reclamó que el espacio vuelva a contar con los medios necesarios para atender a quienes llegan en busca de ayuda y que se restituya el equipo interdisciplinario.
Si bien la referente mantuvo una reunión con autoridades de la Subsecretaría, en la que le habrían anticipado que el espacio volvería a abrir, aunque hasta el momento de la entrevista no se habían concretado los cambios anunciados; frente a la falta de respuestas, advirtió que podrían adoptar nuevas medidas para visibilizar el conflicto.
En el cierre de la nota convocó a acompañar la protesta prevista para el día 22 de octubre, una jornada que también tiene un significado especial para la familia, ya que coincide con un nuevo aniversario mensual del hallazgo del cuerpo de Sandra en el edificio. El reclamo apunta a garantizar la continuidad de Casa Sandra como espacio de atención efectiva, con personal y recursos suficientes para que ninguna mujer que atraviese una situación de violencia quede sin escucha ni acompañamiento.