El ejemplo de Lula y el futuro del peronismo

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El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abrió un nuevo escenario político para América Latina y reavivó el debate sobre las estrategias que necesita el campo nacional y popular argentino para enfrentar a la derecha. Gastón Garriga destacó las enseñanzas de la campaña brasileña y advirtió que la experiencia de Lula no puede trasladarse mecánicamente a la Argentina, aunque ofrece claves fundamentales para la construcción de una alternativa política.

Uno de los aspectos que más valoró fue la capacidad de Lula para reorganizar su campaña después de la primera vuelta y convocar a sectores que no habían participado electoralmente. «Los votos estaban en la gente que se había quedado en la casa en la primera vuelta», explicó, y destacó el trabajo específico con los jóvenes y las estrategias destinadas a profundizar las divisiones dentro de la derecha brasileña. El resultado fue producto «de una campaña que combinó distintas iniciativas y supo reconocer las particularidades de cada sector social».

La experiencia brasileña también dejó una enseñanza sobre el papel de la comunicación política; Garriga destacó la organización de las redes de militancia digital y su articulación con el trabajo territorial, en lugar de limitar la estrategia a la producción de contenidos publicitarios. Sin embargo, marcó que el escenario argentino presenta diferencias importantes: «En Argentina no hay una conducción indiscutida. Hay una especie de acuerdo tripartito, pero en el que nadie conduce».

El triunfo de Lula también tiene implicancias para la política exterior argentina, y en este punto cuestionó el posicionamiento de Milei durante la campaña brasileña y su intervención en favor de Jair Bolsonaro que puede tener consecuencias sobre la relación bilateral.

A ello se suma la imagen internacional que Milei intenta construir. Garriga sostuvo que la figura presidencial se apoyó, en parte, en una estrategia de exposición pública y acercamiento a dirigentes de derecha de otros países. En ese marco, lanzó una definición contundente: «Un audaz y un imbécil tienen en común que rompen las reglas. La diferencia es el resultado».

Otro de los puntos destacados fue la capacidad de Lula para vincular las decisiones de gobierno con las preocupaciones cotidianas de la población y, al mismo tiempo, proyectar un horizonte de futuro; desde esa perspectiva, una propuesta política «no puede limitarse a denunciar los problemas del presente, también debe ofrecer respuestas materiales y construir una perspectiva de desarrollo que convoque a los trabajadores, los estudiantes, los jóvenes y los sectores medios».

La disputa interna del peronismo constituye, en ese contexto, otro desafío decisivo. De esta manera, la reconstrucción política requiere ampliar los espacios de participación y atender las demandas de democratización dentro del movimiento. «El peronismo está pidiendo a gritos democracia interna», afirmó, ya que existe una demanda social que excede las discusiones entre dirigentes, y la ciudadanía necesita escuchar propuestas concretas y conocer cómo se pretende mejorar sus condiciones de vida.