El docente y exdirector general de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, Mario Oporto, se refirió a la gestión de Javier Milei y advirtió sobre sus consecuencias sociales, económicas y culturales. En entrevista con Frecuencia Camalote, dijo que el Gobierno está destruyendo pilares fundamentales de la construcción nacional y profundizando el malestar social, y planteó la necesidad de reconstruir un proyecto de país basado en la producción, la industrialización y la soberanía.
En relación con el futuro del peronismo de cara a las elecciones de 2027, consideró que el movimiento debe actualizar su agenda para responder a los desafíos del siglo XXI. Por eso, propuso avanzar hacia un modelo productivo e industrializador que tenga como objetivos el pleno empleo, una distribución más justa de la riqueza y la ampliación del mercado interno. A su vez, destacó la importancia de construir un frente político amplio, defender los recursos naturales y fortalecer la integración sudamericana.
Sobre las perspectivas electorales, definió al gobernador bonaerense Axel Kicillof como «una figura inevitable e indiscutible dentro del peronismo, tanto por su gestión provincial como por su trayectoria política nacional». No obstante, consideró saludable que existan otras candidaturas y que la elección del postulante presidencial se resuelva mediante una disputa democrática.
Al analizar el sistema educativo, indicó que la educación «debe articular la innovación tecnológica con las tradiciones culturales y la historia nacional», porque las transformaciones tecnológicas «modifican las formas de producir y trabajar, por lo que resulta indispensable incorporarlas a un proyecto educativo vinculado con el desarrollo industrial». Al mismo tiempo, dijo que los países periféricos deben adoptar esas innovaciones sin renunciar a su soberanía ni destruir sus culturas nacionales.
El exfuncionario también cuestionó las críticas del Gobierno a la educación pública, las universidades y el sistema científico. En ese marco, defendió una concepción de la enseñanza que promueva el pensamiento crítico y el debate entre distintas corrientes de ideas. “La educación hoy tiene que enseñar a saber preguntar”, afirmó, y subrayó que la libertad educativa implica confrontar pensamientos, analizar problemas y construir conclusiones, en lugar de limitarse a memorizar y reproducir información.
Respecto del papel social de la escuela, reivindicó el trabajo docente y destacó su importancia para acompañar a los sectores más afectados por la crisis. Sin embargo, consideró que la contención social, por sí sola, no alcanza para garantizar la inclusión: “La inclusión es el aprendizaje”, afirmó.
Para cerrar, reiteró la necesidad de impulsar una verdadera transformación estructural del sistema educativo. “Hay que hacer una revolución educativa”, resaltó, y explicó que ese proceso requiere consensos multipartidarios que permitan planificar políticas a 15, 20 o 25 años.