Martín Sotiru analizó la crisis de Ueno Bank, la entidad financiera paraguaya cuya quiebra dejó a miles de depositantes sin acceso a sus ahorros y abrió interrogantes sobre los mecanismos de control y la posible existencia de maniobras fraudulentas. Según explicó, el banco había comenzado como una billetera virtual y luego se convirtió en una entidad bancaria, con una importante vinculación política, ya que el presidente paraguayo Santiago Peña habría sido accionista hasta hace poco tiempo.
Al referirse al funcionamiento de la entidad, marcó que el problema central estuvo relacionado con el otorgamiento de créditos a empresas cuya capacidad económica no justificaba los montos recibidos. Se habrían concedido préstamos millonarios a firmas con niveles de facturación considerablemente menores, lo que generó una cartera de créditos de difícil recupero.
Ahora, la investigación deberá determinar si se trató de una administración financiera deficiente o de maniobras deliberada; la situación derivó en la intervención del Banco Central paraguayo y en la imposibilidad de muchos ahorristas de retirar sus depósitos.
El economista también explicó que el caso presenta algunas similitudes con el corralito argentino de 2001, particularmente por las restricciones que enfrentan los depositantes para recuperar su dinero. Además, advirtió sobre la importancia de los organismos de regulación y supervisión financiera, que deben controlar la solvencia de las entidades y evitar que los niveles de préstamos comprometan su capacidad de respuesta.
Por otro lado, se refirió al incremento del riesgo país argentino, que llegó a los 925 puntos, donde el escenario internacional contribuye a profundizar las dificultades locales. En particular, vinculó la incertidumbre financiera con la derrota electoral de Donald Trump y el impacto que ese resultado podría tener sobre uno de los principales aliados internacionales del gobierno de Javier Milei. También recordó que el respaldo financiero estadounidense había sido determinante para sostener la estabilidad cambiaria argentina en momentos de tensión.
Sin embargo, consideró que el deterioro no puede explicarse exclusivamente por factores externos, porque Argentina ya atravesaba un escenario de fragilidad económica, con dificultades para recuperar la confianza de los mercados y una creciente incertidumbre sobre la continuidad del programa económico. El nivel actual del riesgo país complica las posibilidades de acceder nuevamente al financiamiento internacional y refinanciar los compromisos de deuda.
Respecto del consumo, expuso que las ventas en supermercados registraron en agosto una caída del 0,8% respecto de julio y una retracción interanual del 3,7%. Si bien reconoció que los salarios mostraron cierta recuperación por encima de la inflación durante los últimos dos meses, eso todavía resulta insuficiente para revertir el deterioro del poder adquisitivo y reactivar la demanda.