El programa Deportes Tres Ciudades realizó un emotivo especial al cumplirse, el pasado 8 de julio, 30 años de la partida física de Alejandro “Koki” Piesciorovski, joven promesa del básquet del Club CEYE, cuyo recuerdo permanece intacto en la memoria del deporte berissense y regional.
Compañeros, entrenadores, amigos y representantes de nuevas generaciones compartieron recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre lo que significó Koki dentro y fuera de la cancha. Lalo Baltusis, quien fue su compañero a comienzos de los ’90, lo describió como un jugador con un “efecto contagio”, por su forma de liderar y empujar al equipo con su entrega total: “Si él estaba al máximo, el equipo estaba al máximo. Era imposible no dejar todo si lo tenías al lado. Representaba el espíritu de pertenencia, eso de vivir por el club”. Agregó también que fuera de la cancha era muy callado, pero adentro contagiaba todo con su actitud.
Durante el programa estuvieron en el estudio José Luis “Palo” Vrbjar, Martín Dellasalda y el propio Baltusis. También dejaron su testimonio los entrenadores que lo formaron, Orlando “Pomelo” Giorgietti y Gustavo “Corcho” Pérez, junto a amigos y compañeros como Sergio “la China” Villar, Julián Villoaria, Gastón “Gato” Gómez, Leo Zanassi, y Andrés “Chiqui” Noetzly, actual jugador, capitán del básquet del CEYE y vicepresidente de la institución.
Julián Villoaria lo definió como un líder natural: “Lo que transmitía dentro de la cancha ese pibe era una cosa de loco. No solo por lo que era como jugador, sino por ese temperamento. Amaba el club, vivía por el club, daba la vida. En cada reunión salen las anécdotas del Ruso”.
Sergio Villar, por su parte, sostuvo: “Para mí, toda la vida fue un referente importantísimo. El Ruso fue un grande de verdad y le agradezco siempre haber tenido la oportunidad de compartir una cancha de básquet junto a él”.
Para Pomelo Giorgietti, fue un jugador ejemplar: “Un chico jovial, con una fuerza física tremenda, noble, en quien podías confiar. Trabajaba todo para el básquetbol porque era su vida. Ojalá aparezcan muchos Koki Piesciorovski, porque esa es la única solución que podemos tener en el básquet de la ciudad de La Plata”.
Gustavo “Corcho” Pérez recordó la exigencia que implicaba dirigirlo: “Como entrenador tenía que estar permanentemente informado y perfeccionándome, porque él siempre exigía más. Lo sigo recordando con esa fortaleza, ese carácter, ese talento y ese don de gente impresionante”.
Gastón “el Gato” Gómez también compartió su admiración: “Un jugadorazo, igual de persona que como jugador. Tuve la suerte y el privilegio de jugar con él, una de las pasiones que tenía”.
Andrés “Chiqui” Noetzly, actual referente del club, explicó el impacto que Koki sigue teniendo, incluso entre quienes no llegaron a conocerlo: “Se ha tornado una figura legendaria. Enorgullece saber que fue uno de los mejores jugadores que tuvo la Asociación Platense. Pero más allá de lo deportivo, lo que más se destaca es su personalidad, su liderazgo, su forma de ser compañero y amigo. Si tenemos muchos Kokis en ese sentido, el club tiene su labor cumplida”.
Leo Zanassi, que lo tuvo como referente cercano, recordó: “Fue muy importante para el deporte de Berisso. Siempre dentro de la cancha, transmitiendo. Yo soy un poco más chico, pero lo tomaba como ejemplo. Era un jugador exquisito, con muchísimo talento, pero también con mucha garra. Siempre daba el 200%. Hablar de básquet en esa época era hablar del CEYE y de él”.
Martín Dellasalda, con paso por Villa San Carlos, Boca, Estrella y CEYE, compartió una imagen imborrable: “Pasé cuatro años muy buenos en el CEYE, del 91 al 94. De Koki, ni hablar. Era un ser que te llevaba a más, siempre quería más. Tenía una mente poderosa. Siempre me acuerdo de sus rodillas sangradas, no había un partido en el que no dejara todo. Si no salías a dar todo, no podías estar en el equipo con él”.
Hoy, la cancha del CEYE lleva su nombre y su camiseta cuelga como símbolo de respeto eterno. Aunque su carrera quedó truncada, su huella se mantiene viva en el espíritu del club y en los valores que supo sembrar: esfuerzo, compromiso, compañerismo y amor por el deporte.
El homenaje fue también un reconocimiento a los clubes de barrio, que siguen siendo casa, escuela y refugio para generaciones enteras. El recuerdo de Koki vive en quienes compartieron su camino, pero también en quienes, sin conocerlo, lo reconocen como ejemplo y guía.
Te invitamos a escuchar el programa completo en: