En diálogo con Cueste lo que Cueste, el licenciado en Comercio Internacional Cristian Oszust, integrante del Observatorio de Comercio Internacional y Política Exterior (OCIPEX), reflexionó sobre la importancia estratégica de la vía navegable troncal y los desafíos que enfrenta la Argentina a 30 años del Acuerdo de Transporte Fluvial.
“La hidrovía es una ruta fluvial que conecta desde el puerto de Cáceres, en Brasil, hasta Nueva Palmira, en Uruguay. Pero lo que nosotros analizamos especialmente es la vía navegable troncal, el tramo argentino de más de 1.600 km que conecta al Litoral con el Río de la Plata y resulta vital para el comercio exterior y la soberanía nacional”, explicó Oszuzt.
Desde OCIPEX, y particularmente dentro del Grupo de Arquitectura y Desarrollo Rural, realizaron un estudio que compara el contexto en el que se firmó el acuerdo (en plena ola de privatizaciones de los años 90) con el actual, marcado por una mayor presencia de actores extranjeros, tanto en la gestión portuaria como en el transporte fluvial y marítimo.
“Hoy el sistema está dominado por un puñado de navieras internacionales y grandes corporaciones agroexportadoras, lo que limita el desarrollo de las economías regionales y deja al Estado con escasa capacidad de control”, señaló el especialista. En esa línea, criticó el crecimiento de puertos privados que no siempre responden a intereses nacionales y el escaso incentivo al transporte de manufacturas con mayor valor agregado.
Además, alertó sobre la reciente firma de un memorándum entre el Gobierno argentino y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU., que podría habilitar una injerencia externa en una de las cuencas de agua dulce más importantes del mundo.
“Hay que recuperar soberanía. El Estado tiene que retomar el control de la vía navegable, coordinar el uso portuario y proyectar una mirada federal que integre a provincias como Misiones, Formosa o Chaco, que hoy están marginadas de este sistema”, afirmó.
Y remarcó que es necesario repensar el modelo logístico del país para promover el desarrollo industrial en torno al río Paraná, con políticas públicas que favorezcan a pequeños y medianos productores y no solo a los grandes exportadores. “La hidrovía debe pensarse como una herramienta estratégica para un proyecto nacional de crecimiento con inclusión”, concluyó.