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El Gobierno vuelve a endeudarse en dólares para sumar reservas y enfrenta un fuerte retroceso del consumo

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El Ministerio de Economía colocó nuevamente deuda en dólares después de ocho años, con un bono emitido bajo legislación local y un rendimiento cercano al 9,26%. La medida forma parte de la estrategia oficial para recomponer reservas a través del endeudamiento y no por la vía tradicional de las exportaciones, en un contexto en el que el Gobierno busca sostener el programa económico durante los meses más críticos del año.

La emisión tuvo una particularidad, porque aunque el bono pagará una tasa del 6,5% sobre un valor técnico de 10.000 millones de dólares, el monto efectivamente tomado por el Estado fue de alrededor de 900 millones. Esa diferencia es la que explica el rendimiento final más alto. El Gobierno también facilitó la participación de aseguradoras -uno de los sectores con mayor capacidad de inversión- mediante modificaciones normativas que ampliaron su margen para operar con estos instrumentos.

La nueva colocación convive con decisiones fiscales recientes, como la baja temporal de retenciones a algunas producciones agrícolas. Aunque se trata de medidas con objetivos distintos, ambas apuntan a sostener el flujo de divisas, especialmente en un período signado por menor actividad exportadora y mayor demanda de importaciones de bienes finales. El Gobierno busca que el ingreso de la próxima cosecha de trigo no se retrase y funcione como refuerzo inmediato.

En paralelo, los indicadores de actividad muestran un panorama adverso. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), noviembre fue el peor mes de consumo minorista desde el inicio de la gestión actual, con una caída del 9,1% interanual y retrocesos en casi todos los rubros. Sólo el segmento de farmacia logró esquivar los números negativos. Alimentos y bebidas cayeron casi un 6%, mientras que rubros como calzado y bazar registraron desplomes de dos dígitos.

El deterioro del consumo convive con un repunte moderado de algunos ingresos, lo que explica parte de la tensión entre los indicadores de pobreza y la dinámica del mercado interno. Los gastos fijos -con aumentos en tarifas, transporte y servicios- absorben una proporción cada vez mayor del presupuesto familiar, lo que limita la capacidad de compra incluso en hogares que registran cierta recuperación de ingresos nominales.

En este escenario, el índice de inflación de noviembre, que el INDEC publica este jueves, vuelve a generar expectativa. El Gobierno intenta quebrar un piso del 2% mensual que lleva meses sin perforarse, pese al despliegue de políticas destinadas a desacelerar los precios. La suba reciente de la carne -que superó el 35% entre noviembre y diciembre- y el incremento sostenido de alimentos anticipan una nueva presión sobre el indicador.

La combinación de endeudamiento en dólares, caída del consumo y una inflación que no cede configura un cierre de año complejo para el equipo económico, que enfrenta el desafío de sostener el programa sin deteriorar aún más la actividad interna.

Te invitamos a escuchar el análisis completo de Martín Sotiru para FM TresCiudades, en: