Mientras se acerca el cierre del año legislativo, la provincia de Buenos Aires atraviesa días de fuerte rosca política, con un escenario claramente dividido entre una Cámara de Diputados encaminada y un Senado atravesado por disputas internas que, por ahora, impiden ordenar su funcionamiento institucional.
En Diputados, la agenda aparece más clara; este martes está prevista una sesión extraordinaria para terminar de conformar las autoridades del cuerpo, en el marco de las sesiones preparatorias que definen el esquema de trabajo para el período 2026. Tras los acuerdos alcanzados durante el debate por el endeudamiento, quedó establecido un esquema de presidencias rotativas y un sistema de vicepresidencias múltiples que reconoce la representación de los distintos bloques políticos, lo que permitió un cierre relativamente ordenado de las negociaciones.
El clima es muy distinto en la Cámara Alta, porque la sesión preparatoria realizada el lunes 8, en pleno feriado, dejó expuestas las profundas tensiones internas del oficialismo. Si bien se concretaron las juras y los reconocimientos a los legisladores salientes, no se logró avanzar en la definición de autoridades, lo que derivó en cruces políticos, cuestionamientos reglamentarios y un conflicto que todavía no encuentra resolución.
En ese marco, el bloque más duro del kirchnerismo en el Senado, encabezado por Sergio Berni, impulsó un pedido de sesión especial para esta semana. Sin embargo, hasta el momento no hay convocatoria formal, y todo indica que el Senado no sesionará en lo inmediato. La situación deja en una posición incómoda a la vicegobernadora Verónica Magario, quien preside la Cámara y aún no juró como senadora, además de enfrentar versiones sobre una posible licencia.
La falta de acuerdos no solo trabó la elección de autoridades, sino también la definición de las presidencias de bloque, un punto clave para el funcionamiento político del Senado. En los pasillos legislativos se habla de una interna abierta dentro de Unión por la Patria, con sectores que impulsan distintos nombres para la jefatura del bloque y una disputa que involucra al kirchnerismo, La Cámpora y el Frente Renovador.
Este escenario adquiere mayor gravedad porque hay proyectos estratégicos del Ejecutivo provincial que corren riesgo de perder estado parlamentario si no se tratan antes de fin de año. Entre ellos, la ley que regula el sistema de emergencias de salud y el proyecto para crear la industria farmacéutica bonaerense, ambos con media sanción de Diputados y dictamen en comisiones del Senado, pero aún sin llegar al recinto.
Desde la oposición, el diagnóstico es claro y atribuyen la parálisis del Senado a la incapacidad del oficialismo para ordenar su interna y construir los acuerdos necesarios. Desde el oficialismo, en tanto, no hay definiciones públicas, y el hermetismo domina la escena mientras se evalúa dejar pasar los días para que el conflicto se enfríe.
Todo este movimiento legislativo se inscribe en un clima político más amplio, atravesado por la movilización convocada contra la reforma laboral y por las discusiones que se vienen en el Partido Justicialista bonaerense. En ese sentido, ya se anticipan reuniones clave del Movimiento Derecho al Futuro encabezado por el gobernador Axel Kicillof, así como encuentros del PJ provincial convocados por Máximo Kirchner, que prometen reordenar -o profundizar- las tensiones internas de cara a 2026.
Con un Senado empantanado, una Cámara de Diputados más ordenada y un oficialismo provincial que busca sostener gobernabilidad en medio del ajuste nacional, la política bonaerense llega a fin de año con más interrogantes que certezas y con debates que, lejos de cerrarse, parecen recién empezar.
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