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Tres ciudades bajo el mismo otoño, tres realidades de estación

Barco portacontenedores ingresando al Puerto La Plata en el canal con vista aérea de la región capital

En la región capital, el otoño político también despliega sus matices propios, con hojas que caen en distintos ritmos según el municipio. El posible adelanto de las elecciones del 2027 parecería algo más que un rumor. En La Plata, el intendente Julio Alak mantiene una gestión activa, y a su vez empieza a moverse incluso por fuera de los límites tradicionales de su espacio, ¿Pensando en la Provincia?. Su reciente paso por Dolores, sellando acuerdos con un jefe comunal como Juan Pablo “Patita” García, y luego la convocatoria a dirigentes de la vieja guardia del PJ —muchos de ellos distanciados del kirchnerismo— marcan una estrategia de reconstrucción política que mira más allá de las identidades rígidas. Su presencia en el lanzamiento del CEDAF lo ubica, además, como parte de ese intento de reordenar ideas en medio del desconcierto, como si buscara juntar ramas dispersas antes de que el viento las termine de llevar.

Por otro lado, Alak avanza en una línea que busca fortalecer el entramado social a través de la regularización de asociaciones civiles, muchas de las cuales venían funcionando sin reconocimiento formal. Esta semana 150 entidades civiles fueron regularizadas por el Municipio. La iniciativa, permitió que clubes, bibliotecas, comedores y centros culturales accedan a herramientas básicas para su desarrollo institucional, como personería jurídica, cuentas bancarias y posibilidad de financiamiento. Más allá del acto administrativo, la medida expone una concepción política que pone en valor a estas organizaciones como sostén cotidiano de los barrios, en un contexto donde el rol del Estado vuelve a estar en discusión y donde el orden institucional aparece, una vez más, como condición para el desarrollo social.

En Ensenada el horizonte es claro. El intendente Mario Secco recibió junto a la Presidenta del Puerto La Plata, Susana Gonzalez, al ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, para presentar un Plan Quinquenal Portuario, y dejó en evidencia un objetivo concreto: transformar el perfil del puerto regional a través de políticas públicas y obra sostenida. Allí no hay otoño contemplativo, sino más bien una disputa por el sentido, donde incluso se plantea resignificar el nombre y la centralidad del Puerto La Plata hacia la histórica referencia de la Ensenada de Barragán, pero también desde la realidad efectiva, preparando nuestra ciudad desde la infraestructura para abrazar el Puerto regional. Una forma de recuperar, desde la acción, una identidad productiva anclada en la historia. La oposición, mientras tanto, perdida en las contradicciones de una gestión que cuesta criticar y referencias nacionales que dejan mucho que desear.

Distinto es el clima en Berisso, que últimamente viene más convulsionada desde lo político, y donde el intendente Fabián Cagliardi parece adelantar un invierno bien crudo, ya no sólo por las disputas estratégicas, por ejemplo, en torno al puerto, sino por el deterioro visible en la gestión cotidiana. La ausencia de políticas porturarias del Intendente berissense y el rol de su representante en el enclave regional, más allá de lo discursivo, empiezan a arrancan críticas cada vez más seguidas y profundas de propios y extraños. Algún histórico funcionario berissense junto a funcionarios cagliardistas, en estos días, habría manifestado entre chistes, su tristeza por la pérdida de la impronta portuaria de la ciudad, ligando también esto al silencioso y apático rol del delegado berissense en el puerto que, reunión tras reunión, es avasallado intelectual y políticamente por la representante ensenadense.

En lo cotidiano, en las últimas semanas, una sucesión de hechos de inseguridad —robos en pleno centro, el insólito secuestro de un coche fúnebre, entre otros — volvió a poner en escena un problema que no encuentra respuesta clara. La falta de resolución contrasta con anuncios recientes del propio intendente sobre el funcionamiento de cientos de cámaras y decenas de patrulleros, generando una brecha cada vez más evidente entre el discurso o la narrativa oficialista y la realidad que perciben los vecinos que se corona con el silencio del oficialismo, fundamentalmente de su Secretario de Seguridad y del propio intendente.

A ese cuadro se le suma una demanda persistente por el deficiente sistema de recolección de residuos, afectado por la falta de móviles, situación que incluso ha sido reconocida por funcionarios municipales. Lo mismo ocurre con la iluminación urbana, donde la explicación oficial —“no hay lamparitas”— expone crudamente el nivel de postergación de cuestiones básicas como detallaban vecinos en nuestra radio esta semana. En ese marco, el reiterado argumento del saneamiento de las cuentas públicas parece haber avanzado a costa de dilatar o suspender servicios esenciales, como el mantenimiento de camiones o la reposición de luminarias.

El malestar político interno tampoco es menor. Al reiterado centralismo en las decisiones del intendente, y el cierre de listas en el PJ donde más de la mitad de los integrantes de la misma son de su agrupación, se suman ahora datos de la gestión que nada ayudan a la cohesión interna. “No tenemos para lamparitas y encima después nos enteramos que tiramos la guita armando radios o en pauta, bien libertarios”, deslizó en off un alto funcionario, agotado de enfrentar reclamos sin respuestas concretas . Así, en este otoño berissense, no sólo caen hojas: también se acumulan las deudas de una gestión que no logra dar respuestas en lo más urgente, y mucho menos en la estrategia de pensar y construir una ciudad como en otrora fue Berisso.