En tiempos de rankings, tendencias y recomendaciones exprés, detenerse a mirar cine puede parecer un acto contracultural. Frente a esa lógica, la columna La eterna ilusión, de Dana Bermúdez en Frecuencia Camalote, propone otra cosa: volver a mirar desde la sensibilidad, el tiempo y la experiencia.
“La idea es escaparnos de las listas de ‘las cinco películas que hay que ver antes de morir’ y del consumo rápido. El cine tiene otra temporalidad”, plantea.
Bajo esa premisa, la primera entrega recorre cuatro óperas primas del cine argentino, entendidas como ese momento donde un director o directora “dice algo por primera vez con su propia mirada”.
El nombre de la columna no es casual. “El cine es una ilusión óptica, pero también es eterno, porque atraviesa el tiempo, las personas y las culturas”. Desde ahí, la propuesta no solo es recomendar películas, sino también pensar el cine como lenguaje y como experiencia.
Entre las elegidas aparece Momentos (1981), de María Luisa Bemberg, una historia íntima y profundamente política en plena dictadura. “No me sentía representada en el cine”, decía la directora sobre sus inicios, en una obra que pone el foco en el deseo femenino y la autonomía en una época donde esas miradas eran excepcionales.
También se destaca La sonámbula (1998), de Fernando Spiner, una rareza dentro del cine nacional: ciencia ficción en clave local. Ambientada en un futuro donde la población pierde la memoria, “es un mundo donde el Estado reconstruye la identidad de las personas”, y todavía hoy genera lecturas y análisis.
Otra de las recomendaciones es La ciénaga (2001), de Lucrecia Martel, considerada el inicio del nuevo cine argentino. “Podés cerrar los ojos y seguir viendo la película a través del sonido”, explican, en una experiencia sensorial donde el clima, el calor y la tensión lo atraviesan todo.
Completa la selección Ciencias Naturales (2014), de Matías Lucchesi, una road movie íntima sobre la identidad. La historia sigue a una niña que escapa de su escuela rural para buscar a su padre, en una “búsqueda de identidad desde un vínculo inesperado”.
La elección también responde a una mirada consciente sobre el presente del cine. “El cine sigue teniendo una gran brecha de género. Por eso es importante visibilizar otras miradas”, señalan, en una selección que pone en valor directoras y protagonistas femeninas.
Lejos del consumo automático, La eterna ilusión invita a recuperar algo simple pero cada vez más escaso: el tiempo para ver y sentir una película. “El cine expande las historias que vamos a conocer”, resume.