En el marco de la audiencia pública por la Ley de Glaciares, que se desarrolló entre el miércoles y el jueves con una participación masiva en todo el país, la activista mapuche y politóloga Verónica Azpiroz Cleñan planteó fuertes críticas al proceso y puso el foco en lo que definió como una disputa de fondo: el sentido del agua y su defensa.
“La audiencia tuvo muchas irregularidades”, aseguró en diálogo con Frecuencia Camalote, y graficó la situación con una metáfora: “Es como que te inviten a jugar al fútbol y cuando llegás a la cancha te dicen que se juega con otra regla. Más o menos así fue”.
Azpiroz Cleñan explicó que no solo se vieron afectados los mecanismos generales de participación, sino también derechos específicos de los pueblos originarios. “Nos asisten dos derechos: el de participar en audiencias públicas, por el Acuerdo de Escazú, y el de la consulta libre, previa e informada, que establece el Convenio 169 de la OIT. En ninguno de los dos se respetaron los procedimientos”, sostuvo.
A pesar de ese contexto, la referente valoró la participación y planteó que se abre una nueva etapa: “Ese capítulo ya pasó. Ahora hay que pensar qué va a pasar de acá en adelante, con estrategias que van a ser judiciales y políticas”.
Uno de los datos salientes fue la masividad de la convocatoria, que superó ampliamente las expectativas. “No esperábamos esa magnitud. Pensábamos en 20 o 30 mil personas, pero hubo una sinergia entre el ambientalismo, el feminismo, el movimiento indígena, los sindicatos y sectores políticos”, destacó.
En ese sentido, subrayó que lo que está en juego trasciende las diferencias partidarias: “Hay acuerdos comunes en la ciudadanía que tienen que ver con la defensa del agua. Esa agenda atraviesa toda la política”.
Desde su mirada, la discusión de fondo es conceptual. “El gobierno piensa el agua como un bien de consumo, transable. Otros la ven como un derecho o como un don. Nosotros, desde el pueblo mapuche, la entendemos como fuente de vida de todas las vidas”, explicó.
Y agregó: “En cada cuerpo de agua hay un espíritu. Río, mar, glaciar, cascada: todos son parte de un todo. Sin agua no hay posibilidad de reproducción de la vida humana”.
Esa perspectiva, aseguró, comienza a resonar cada vez más en la sociedad. “Ya no hace falta tanta explicación racional: la experiencia cotidiana muestra que hay un problema con el agua. Desde distintos lugares llegamos a la misma conclusión: hay que protegerla”.
En cuanto a los próximos pasos, la dirigente señaló que el movimiento analiza distintas estrategias, entre ellas la posibilidad de impulsar una iniciativa popular que requeriría la recolección de 1.800.000 firmas.
“Hay tres caminos: el plebiscito, la consulta popular vinculante o la iniciativa popular. No está definido aún cuál se va a tomar, es una discusión que estamos dando”, indicó.
Sin embargo, remarcó la necesidad de fortalecer la organización social: “Se ocupó mucho el escenario mediático y digital, pero se perdió el cuerpo a cuerpo. Hay que volver a encontrarnos, a organizarnos desde ahí”.
En esa línea, cuestionó los argumentos que buscan separar el impacto sobre zonas periglaciares y glaciares: “No se puede diseccionar un cuerpo de agua, como no se puede diseccionar un cuerpo humano sin afectar su integridad. Son un todo”.
Finalmente, Azpiroz Cleñan puso en valor la construcción colectiva que se viene gestando: “Esto no le pertenece a una organización. Hay una transversalidad que es muy importante y que tenemos que seguir fortaleciendo”.
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