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YPF, Vaca Muerta y el nuevo mapa energético: el fallo que alivió a la Argentina y reabrió el debate sobre el futuro del sector

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La semana cerró con una noticia que el Gobierno y el kirchnerismo interpretan como un triunfo político, económico y jurídico: la Corte de Apelaciones de Nueva York revocó la condena de 16.000 millones de dólares contra la Argentina por la expropiación de YPF realizada en 2012.

La decisión deja sin efecto la sentencia de primera instancia y respalda el argumento sostenido durante años por Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, que la recuperación de la petrolera se realizó de acuerdo con la legislación argentina y que una decisión soberana del Estado, aprobada por el Congreso, no puede quedar subordinada a los estatutos de una empresa ni ser juzgada por tribunales extranjeros.

El tribunal entendió que los reclamos impulsados por los fondos Burford Capital y Petersen Energía no tienen reconocimiento bajo la ley argentina. De esta manera, la Cámara sostuvo que la expropiación fue un acto soberano y, por lo tanto, no habilita demandas de accionistas en el exterior.

Aunque Burford anunció que buscará una revisión ante la Corte Suprema de Estados Unidos e incluso evalúa avanzar en el CIADI, en el mercado consideran que las posibilidades de revertir el fallo se redujeron de manera significativa.

Un alivio para las reservas y para Vaca Muerta

La resolución judicial despeja uno de los principales riesgos que pesaban sobre la economía argentina. Una condena firme hubiera significado un fuerte impacto sobre las reservas del Banco Central y una amenaza para los planes de expansión del sector energético.

Con ese frente judicial desactivado, el foco vuelve a colocarse sobre Vaca Muerta, que ya se transformó en el corazón de la estrategia exportadora del país. Actualmente, el yacimiento concentra el 84% de las exportaciones energéticas argentinas, entre petróleo y gas convencional y no convencional.

Entre enero de 2025 y febrero de 2026, el complejo energético exportó 12.663 millones de dólares, de los cuales 10.645 millones provinieron de Vaca Muerta. En la práctica, eso significa que el yacimiento neuquino ya representa cerca del 10% de todas las exportaciones argentinas.

Combustibles: récord histórico en los surtidores

Mientras el país celebra el alivio judicial y el crecimiento exportador, los consumidores enfrentan una realidad muy distinta en las estaciones de servicio.

Marzo de 2026 dejó los precios de los combustibles más altos de la historia medidos en dólares. La nafta súper alcanzó los 1,43 dólares por litro, un 52% por encima del promedio registrado entre 2018 y comienzos de 2026. La premium llegó a 1,58 dólares, mientras que el gasoil trepó hasta 1,48 dólares por litro.

La suba responde a una combinación de factores. Por un lado, el precio internacional del petróleo se vio impulsado por la escalada de tensiones en Medio Oriente, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, y por la continuidad de la guerra entre Rusia y Ucrania. Por otro, la política local optó por trasladar gran parte de esos aumentos al mercado interno.

En ese marco, la Secretaría de Energía tuvo una intervención limitada para amortiguar el impacto. La decisión oficial fue avanzar en un “sinceramiento” de los precios de los combustibles en dólares, en un contexto en el que el tipo de cambio permanece apreciado y el peso continúa perdiendo valor.

Para intentar moderar el impacto, el Gobierno suspendió en abril la actualización de los impuestos a los combustibles y habilitó un incremento del corte de bioetanol en las naftas, que podrá pasar voluntariamente del 12 al 15%.

La Argentina mostró sus cartas en CERA Week

La nueva centralidad energética de la Argentina también se vio reflejada en la última edición de CERA Week, la cumbre más importante del sector a nivel global.

En Houston, empresarios, gobernadores y directivos de las principales compañías coincidieron en un diagnóstico: la Argentina dejó de ser una promesa y comenzó a mostrarse como un futuro gran exportador de energía.

El presidente de YPF, Horacio Marín, proyectó que las exportaciones del sector podrían alcanzar los 50.000 millones de dólares anuales hacia 2031, impulsadas por el petróleo, el gas natural licuado y las obras de infraestructura.

Desde Continental Resources, Doug Lawler afirmó que cuando la producción de Estados Unidos comience a estancarse o retroceder en los próximos años, Vaca Muerta estará en condiciones de ocupar parte de ese espacio.

A su vez, el CEO de Tecpetrol, Ricardo Markous, remarcó que el potencial argentino no está solamente en el petróleo sino también en el gas, y señaló que el próximo gran desafío será construir la infraestructura necesaria para abastecer a Brasil.

En la misma línea, el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, sostuvo que el proyecto de exportación de GNL implicará inversiones por más de 30.000 millones de dólares y podría generar más de 50.000 empleos.

Sin embargo, el entusiasmo convive con señales de alarma. Un ejecutivo de una multinacional advirtió que el tipo de cambio sigue siendo un problema y que la confianza de los inversores no se construye de un día para el otro. Más cruda aún fue la definición de un empresario metalúrgico del conurbano bonaerense, que reconoció que varias plantas están al borde del cierre por la caída de la demanda.

La escena expone una de las grandes contradicciones de la economía argentina: mientras el sector energético se expande y promete un salto exportador, gran parte de la industria continúa atravesando una recesión profunda.

El salto exportador tiene una explicación

El crecimiento de las exportaciones energéticas no puede explicarse únicamente por el aumento del precio internacional del petróleo o por el potencial natural de Vaca Muerta.

Detrás del salto hubo una serie de obras estratégicas ejecutadas entre 2022 y 2023 que permitieron resolver cuellos de botella históricos.

El primer tramo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner se construyó en apenas diez meses y durante su primer año permitió ahorrar unos 2.100 millones de dólares en importaciones de gas natural licuado.

A eso se sumó la reapertura del Oleoducto Trasandino, que volvió a conectar a la Argentina con Chile después de 17 años sin actividad, y el Proyecto Duplicar de Oldelval, que amplió la capacidad para transportar petróleo hacia el Atlántico.

Sin esas obras, la producción adicional de Vaca Muerta no hubiera tenido forma de llegar ni al mercado interno ni a los puertos de exportación.

El cuello de botella ahora está en la electricidad

Mientras el petróleo y el gas muestran un fuerte dinamismo, el sistema eléctrico enfrenta otro tipo de problemas.

El principal límite ya no es la capacidad para generar energía, sino la imposibilidad de transportarla. Las regiones con mayor potencial —como la Patagonia, el NOA y Cuyo— no cuentan con suficientes líneas de alta tensión para enviar la electricidad hacia los grandes centros urbanos.

Por eso, la discusión sobre el futuro de Transener y sobre las inversiones en redes de transporte aparece hoy en el centro de la agenda energética.

A la vez, el Gobierno continúa avanzando con la reducción de subsidios y la actualización de tarifas. Durante 2025, los usuarios pagaron en promedio el 71% del costo real de la energía eléctrica, y en abril volvieron a registrarse nuevos aumentos tanto en electricidad como en gas.

En paralelo, el desarrollo nuclear atraviesa un momento de incertidumbre. Las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse continúan siendo una base importante de la generación, pero el proyecto del reactor modular CAREM permanece frenado.

También las energías renovables siguen creciendo por debajo de lo esperado. Empresas como YPF Luz, Genneia, Central Puerto y Pampa Energía avanzan con proyectos eólicos y solares, aunque su expansión depende de nuevas líneas eléctricas y de reglas de mercado más estables.

Energía, soberanía y desarrollo

El fallo sobre YPF volvió a poner en primer plano una discusión de fondo: qué lugar ocupa la energía en el proyecto de país.

La experiencia reciente parece dejar una conclusión clara. Los recursos naturales, por sí solos, no garantizan desarrollo. El salto exportador, la recuperación de YPF y el avance de Vaca Muerta fueron posibles por decisiones políticas, planificación e inversiones en infraestructura.

La energía aparece así no solo como un negocio o una oportunidad económica, sino también como una herramienta de soberanía, de crecimiento y de construcción de futuro.