La noticia llegó como llegan las mejores, de sorpresa y cargada de emoción. Enzo González, surgido del Club El Cinco, fue convocado a la Selección Argentina juvenil sub 16 y en el barrio la alegría no tardó en multiplicarse.
Para Ricardo González, presidente de la institución y formador en las divisiones infantiles, la sensación fue inmediata. “Una mezcla de emociones muy linda. Es un orgullo bárbaro. Lo vimos crecer desde los 4 años hasta los 13”, recordó de aquellos tiempos donde también fue DT de Enzo.
El recorrido de Enzo es, en muchos sentidos, el reflejo del ADN del club. De chico fue un “nueve con mil recursos”, goleador y generador de juego, pero con el paso del tiempo sumó versatilidad; hoy puede desempeñarse como volante central, posición en la que incluso lleva la cinta de capitán en Estudiantes de La Plata. Sin embargo, más allá de sus condiciones futbolísticas, hay algo que Ricardo subraya por encima de todo: “Siempre fue humilde, buen compañero, un líder. Eso es lo más importante”.
El Cinco, ubicado en Ensenada, es mucho más que una institución deportiva. Es un espacio de contención y pertenencia, donde el potrero todavía late fuerte. “Es un barrio con mucha pasión. Después hay que acompañarlo con trabajo, pero el nene tiene que ser feliz para desarrollarse”, manifestó Ricardo, sintetizando una filosofía que atraviesa todo el proyecto formativo.
Ese enfoque se refleja también en los números; cerca de 280 chicos y chicas forman parte del club, una cifra que crece año a año. Pero el desafío no es sólo deportivo. En un contexto social complejo, el club asume un rol clave, ya que “hay chicos que vienen y este es el único lugar donde están bien, donde tienen un cable a tierra. Tratamos de que todos sean iguales, de dar una mano sin hacer ruido cuando hace falta”.
La estructura también acompaña ese crecimiento. En el último tiempo se sumaron un gimnasio y vestuarios nuevos, mientras se proyecta un SUM con apoyo municipal. La meta es ampliar la oferta, sostener el crecimiento y seguir siendo un espacio abierto para el barrio.
En paralelo, el desarrollo del fútbol femenino marca otro de los grandes avances institucionales, con una base formativa que arranca desde edades muy tempranas. “Costó mucho, pero hoy ya hay una cadena. Las nenas vienen formadas, saben lo que tienen que hacer. Eso es hermoso”, destacó.
La irrupción de Enzo González en la escena nacional aparece así como una consecuencia natural de años de trabajo silencioso. Pero también como una oportunidad. Su historia puede transformarse en un faro para los más chicos, en una prueba concreta de que el camino es posible. “Para el barrio es algo muy fuerte. Ojalá que los chicos vean que con esfuerzo, disciplina y siendo buenas personas, se puede llegar”, concuyó Ricardo.
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