Malvinas no es sólo una fecha en el calendario, es una causa que atraviesa la vida cotidiana de los argentinos. Está en los relatos, en los símbolos, en la memoria que se transmite casi sin darse cuenta. En ese entramado, la historia de Candela Cerrone, atleta nacida en Berisso, suma una nueva forma de acercarse a las islas; desde el deporte, pero también desde la experiencia, la reflexión y la palabra.
“Mi infancia fue en Berisso, ahí está toda mi familia”, contó, al reconstruir un recorrido de vida que la llevó luego a Mar del Plata y, más tarde, a Pinamar, donde hoy vive y entrena. Su vínculo con el deporte viene de origen; criada en una familia de profesores y atravesada por la educación física, encontró en el atletismo su lugar desde muy joven.
Sin embargo, su historia con Malvinas empezó mucho después, en un momento inesperado. En 2023, tras una operación compleja que puso en duda su continuidad como corredora, asistió al maratón de Buenos Aires como espectadora. Allí, caminando el circuito, se cruzó con un soldado que participaba marchando. En esa charla surgió un dato que le cambiaría el rumbo; existía una maratón en las Islas Malvinas.
“Yo no sabía que se podía ir”, recordó. Desde ese momento, comenzó a construir un objetivo que tardó años en concretarse, entre dificultades económicas, logísticas y personales. Hasta que en marzo de 2026 logró viajar y participar.
Pero lo que inicialmente era un desafío deportivo se transformó en otra cosa. Durante la preparación, al enterarse de que no podía utilizar símbolos argentinos durante la carrera, su perspectiva cambió. “¿Cómo se va a saber que Argentina está corriendo?”, se preguntó. La respuesta fue contundente: “Vas a tener que ganarla”.
A sus 48 años, Cerrone no sólo corrió, sino que se impuso en el maratón. Sin embargo, lejos de centrarse en el resultado, puso el foco en el significado de la experiencia: “Hoy entiendo que lo importante no fue ganar, sino lo que viví estando ahí”.
Su paso por las islas incluyó recorridas por zonas de combate, trincheras aún visibles y restos materiales de la guerra. Esa vivencia, sumada a una preparación previa basada en lecturas y testimonios diversos, le permitió construir una mirada más amplia sobre Malvinas.
“Para dimensionar lo que pasó, hay que estar ahí”, sostuvo. Y desde ese lugar, comenzó a llevar su experiencia a escuelas, donde encuentra en los jóvenes un interés genuino por conocer y preguntar, ya que “no sabían que se podía ir, no sabían muchas cosas. Hay una necesidad de escuchar”.
En esos encuentros, Cerrone insistió en la importancia de recuperar las voces de los veteranos. “No sólo hay que recordar a los caídos, también al que volvió y puede contar”, planteó.
Su relato se entrelaza con el de Fernando Marino, excombatiente de Malvinas, quien también conoció la maratón años atrás y participó en distintas ediciones. Durante la charla, ambos coincidieron en el valor simbólico del deporte como forma de homenaje, pero también en las dificultades que implica la experiencia, desde las condiciones del circuito hasta la hostilidad del entorno y las restricciones impuestas a los corredores argentinos.
“Lo que hiciste no fue sólo correr”, le señaló Marino, reconociendo el esfuerzo físico, económico y emocional que implica participar en una competencia de esas características en las islas.
Cerrone, por su parte, resignificó ese recorrido en clave colectiva. Aseguró que volvería a hacerlo, no por la competencia en sí, sino por el impacto que genera: “Muchos veteranos me dijeron que lo que pasó en marzo fue malvinizar, que se habló de Malvinas antes de abril”.
En ese sentido, su mensaje apuntó también al futuro, porque “las islas se deben recuperar, pero con herramientas no bélicas”.
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