ESCUCHÁ LA RADIO EN VIVO

Juan Gelman: la poesía como memoria, herida y resistencia

juan-gelman-2

En tiempos atravesados por la incertidumbre, la violencia simbólica y los debates sobre la memoria, la literatura vuelve a aparecer como refugio, pero también como herramienta. En ese cruce se inscribe la figura de Juan Gelman, uno de los poetas más importantes de la Argentina, cuya obra y vida permiten pensar no sólo la poesía, sino también la historia reciente del país.

A cincuenta años del último golpe de Estado, su nombre resurge con fuerza, por su producción literaria y por haber sido un testigo y protagonista de una época signada por interrupciones; democracias truncadas, exilios forzados, persecuciones y desapariciones.

Gelman nació en 1930, y es hijo de inmigrantes rusos. Su historia familiar ya estaba atravesada por el desarraigo y la tragedia; su padre había desertado del ejército zarista y, en ese tránsito, perdió a parte de su familia. En Buenos Aires, ese pasado se mezcló con una infancia humilde pero marcada por la cultura; una madre que hacía el esfuerzo de llevarlo al Teatro Colón y un hermano que le recitaba poesía en ruso, aun cuando él no entendiera las palabras.

Ahí aparece uno de los núcleos de su obra, el ritmo. Antes que el significado, la música de la palabra. “La poesía viene a buscarte”, sostuvo Gelman al aire de la 96.3, alejándose de la idea del oficio. Para él, escribir no era una tarea programada, sino una irrupción, una necesidad imposible de esquivar.

Esa concepción lo acompañó a lo largo de una vida atravesada por la política. Militante, periodista y exiliado, vivió de cerca la violencia creciente que desembocó en la última dictadura militar. Ya en 1975 denunciaba la existencia de miles de desaparecidos, en un contexto donde el terror comenzaba a institucionalizarse.

El golpe de 1976 marcaría un quiebre definitivo; su hijo Marcelo y su nuera Claudia -embarazada- fueron secuestrados y permanecen desaparecidos. Ese hecho, sumado al exilio forzado, lo enfrentó a una de las experiencias más devastadoras: la distancia, la incertidumbre y la imposibilidad de duelo.

Durante años, su búsqueda fue incansable. Tocó puertas, reconstruyó pistas, sostuvo la memoria incluso desde el dolor. En ese camino, la poesía no fue refugio complaciente ni consuelo fácil, fue lenguaje para nombrar lo indecible.

Gelman hablaba de la “presencia ausente de lo amado”, una definición que condensa buena parte de su obra. La ausencia no como vacío, sino como una forma persistente de presencia que atraviesa la vida y la escritura.

En paralelo, su reflexión sobre la historia también fue aguda. Más allá de las víctimas directas del terrorismo de Estado, señalaba otro desaparecido: el proyecto político y social que se intentó destruir. Esa mirada complejiza la memoria, la saca del lugar únicamente testimonial y la ubica en un terreno de disputa por el sentido.

El exilio, además, no fue sólo geográfico. Alejado de su lengua cotidiana, viviendo en países donde no se hablaba español, Gelman experimentó también una distancia con su propia herramienta de trabajo. Sin embargo, continuó escribiendo, publicando y sosteniendo su voz.

Con el regreso de la democracia, su vuelta al país no fue inmediata. Recién en 1988 pudo regresar a la Argentina. Para entonces, su vida ya estaba marcada por múltiples pérdidas, pero también por una persistencia notable.

Esa persistencia tuvo uno de sus momentos más luminosos cuando logró encontrar a su nieta, nacida en cautiverio y apropiada durante la dictadura. La reconstrucción de ese vínculo no borra el dolor, pero abre una dimensión reparadora en una historia atravesada por la violencia.

Hablar de Gelman es, en definitiva, hablar de una forma de estar en el mundo. De sostener la palabra incluso en los contextos más adversos. De entender la poesía no como ornamento, sino como una herramienta vital.

En un presente que muchas veces parece saturado de ruido y simplificaciones, su obra invita a otra cosa: a escuchar, a recordar y a pensar. Porque, como él mismo sugería, la poesía -lejos de ser un lujo- es una forma de memoria que sigue interpelando.

Escuchá la columna completa en: