En un contexto económico complejo, los clubes de barrio vuelven a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de muchas familias. Así lo refleja la experiencia del Saladero Fútbol Club, una institución emblemática de Berisso que, con esfuerzo y organización, sigue apostando al crecimiento y la contención social a través del deporte.
“Estamos en una situación muy difícil como país, pero es justamente en estos momentos donde más la gente se acerca al club”, señaló Ariel Santillán, vicepresidente de la institución. Y agregó: “El club cumple una función social clave: contener, enseñar y generar un espacio donde los chicos puedan desarrollarse”.
Uno de los principales objetivos que hoy moviliza a la comisión directiva es la puesta en condiciones de una cancha de once dentro del predio ubicado en 18 y 152. El proyecto busca recuperar el fútbol juvenil, una deuda histórica del club que lleva más de dos décadas sin esa categoría. “Hace más de 20 años que no tenemos juveniles. Hoy queremos volver a tener ese espacio para que los chicos no queden afuera del sistema cuando terminan el fútbol infantil”, explicó.
La falta de infraestructura es una problemática extendida en la ciudad. Son pocos los clubes que cuentan con canchas de once, lo que genera un “embudo” para cientos de chicos que, al finalizar su etapa formativa, no encuentran dónde continuar jugando. “Si no llegan a clubes grandes o a los pocos que tienen esa posibilidad, muchos quedan en la calle. Por eso este proyecto es tan importante”, remarcó el referente.
En paralelo, el crecimiento del fútbol femenino se consolidó como uno de los pilares del club. Con ocho categorías activas, desde Sub 6 hasta Primera y Senior, Saladero fue pionero en la región en impulsar esta disciplina. “El femenino nos empuja todos los días. Hay un compromiso enorme de las chicas y de las familias, y eso se refleja en el crecimiento constante”, destacó.
El desarrollo institucional también se apoya en una lógica colectiva, porque “en un club de barrio hacemos todos de todo. No importa el cargo, lo importante es estar”. Además se dio la incorporación de jóvenes y nuevas familias a la comisión directiva.
Más allá de lo deportivo, Santillán hizo hincapié en el valor formativo del fútbol: “El deporte enseña disciplina, responsabilidad, compañerismo. Hoy también tenemos que sacar a los chicos del sedentarismo y de la pantalla. El club es una alternativa a todo eso”.
Es por eso que se impulsa una escuelita de fútbol orientada a la formación y no necesariamente a la competencia, ya que “hay chicos que vienen a divertirse, a hacer amigos, a aprender. Y eso también es fundamental”
Con obras en marcha, proyectos a futuro y una comunidad que acompaña, Saladero reafirma su lugar como mucho más que un club; un espacio de encuentro, identidad y construcción colectiva en el corazón del barrio.
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