El último dato de inflación difundido por el INDEC volvió a encender señales de alerta; el índice de marzo se ubicó en 3,4% y marcó el décimo mes consecutivo de suba desde el piso registrado en mayo del año pasado. Aquel 1,5%, señalado como el punto más bajo de la serie, aparece hoy como un valor atípico, impulsado por medidas puntuales que no lograron sostenerse en el tiempo.
El análisis del economista Martín Sotiru aporta una mirada crítica sobre la evolución reciente. Más allá del número general, adviertió que la inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, se mantiene elevada, lo que evidencia dificultades estructurales para consolidar una desaceleración real. “Es un dato preocupante para un gobierno que hace de la desinflación su principal bandera”, sostuvo.
Marzo, además, estuvo atravesado por factores estacionales y decisiones de política económica. El inicio del ciclo lectivo impactó en el rubro educación, como ocurre habitualmente, pero también hubo aumentos significativos en combustibles, que registraron subas cercanas al 4,1%. Este último componente no sólo incide de manera directa, sino que se traslada al resto de los precios a través de los costos logísticos.
En el caso de los alimentos, el aumento acompañó el índice general (3,4%), aunque con fuertes disparidades internas. La carne, en particular, aparece como uno de los principales motores de la suba, con incrementos sensibles en mostrador que llevaron algunos cortes a valores entre 18 mil y 20 mil pesos por kilo, muy por encima de los registros de meses anteriores.
Otro de los factores que sostiene la presión inflacionaria es el incremento en tarifas de servicios públicos, que en marzo promediaron un 3,7%. En este punto se evidencia una tensión central del programa económico y es el ajuste fiscal, basado en la quita de subsidios, impacta de manera directa en los precios. “El mismo ajuste que busca ordenar las cuentas es el que le pone un piso a la inflación”, explicó Sotiru.
A esto se suma el impacto en transporte, que acumuló subas del orden del 20% en pocos meses, con nuevas actualizaciones previstas. Los aumentos en servicios y combustibles se trasladan en cadena al resto de la economía, dificultando una baja sostenida del índice general.
En paralelo, algunos indicadores de actividad muestran señales de transformación regresiva. El caso del sector automotor es ilustrativo; mientras crece el patentamiento de vehículos, la participación de unidades nacionales se desploma. Según los últimos datos, apenas el 18% de los autos patentados son de producción local, frente a más del 80% de origen importado. Se trata del nivel más bajo desde 2014.
El fenómeno refleja un cambio en la estructura del consumo, pero también un deterioro en la industria nacional, con impacto directo en el empleo. Empresas del sector automotriz y manufacturero enfrentan cierres, suspensiones y procesos de reconversión, en un contexto donde la apertura importadora gana terreno.
Así, el escenario económico combina una inflación que resiste a la baja, un esquema de ajuste que presiona sobre precios clave y una matriz productiva que muestra signos de debilitamiento. Aunque el Gobierno apuesta a una desaceleración en los próximos meses, los factores estructurales que empujan los precios siguen vigentes.