Con más de cuatro décadas ligadas al deporte, Sergio Corna, coordinador del vóley del Astillero de Ensenada, repasó el presente de la disciplina en el club y expresó que su mayor trofeo es que «las chicas sigan jugando toda la vida”.
Desde su llegada en 2018, el crecimiento fue exponencial. “Había 18 chicas y hoy tenemos más de 250 personas entre varones y mujeres”, destacó. Un desarrollo que responde a varios factores como el apoyo institucional, el compromiso de los entrenadores y el clásico “boca a boca” que sigue siendo clave en los clubes de barrio.
Lejos de quedarse sólo en lo cuantitativo, Corna subrayó que el objetivo actual es “afinar lo técnico y lo táctico para poder competir mejor”. Para eso, el trabajo incluye planificación, reuniones periódicas y una línea de enseñanza común en todas las categorías.
Pero más allá de lo deportivo, el eje está puesto en lo humano. “A mí me gusta enseñar. Después de tantos años, lo más lindo es entrar a una cancha y que alguien te diga ‘yo aprendí con vos’”, contó. Y agregó: “Que una jugadora lleve a su hija al club porque le transmitió ese amor por el vóley; eso es lo más importante”.
En ese sentido, remarcó el rol fundamental de la familia. Esa comunidad también se refleja en iniciativas solidarias, como la venta de empanadas para financiar viajes deportivos, como el proyectado a Mar del Plata.
Sobre el cierre, dejó una imagen que define su vínculo con el club: “Astillero es mi segunda casa. Lo que más me conmueve es ver a todos trabajando; dirigentes, familias, jugadores; eso es el club de barrio”.
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