El Gobierno nacional se prepara para una jornada clave en el Congreso, donde la exposición del vocero presidencial, Manuel Adorni, podría convertirse en un punto de inflexión para la gestión.
Según el analista político Gastón Garriga, el oficialismo “sobredimensionó” el escenario al convertir una instancia que en condiciones normales sería administrativa en un evento de alto impacto político. “El propio Gobierno lo transformó en una especie de partido decisivo”, señaló.
La expectativa se da en un contexto de deterioro en los indicadores de confianza. Distintas mediciones muestran una caída en la aprobación del Ejecutivo, que habría perforado el 30%, marcando un cambio respecto al respaldo inicial con el que contó la administración de Javier Milei.
Allí la figura de Adorni aparece en el centro de la escena; las versiones indican que evitaría responder preguntas sobre su patrimonio y se limitaría a un informe de gestión, lo que podría profundizar las críticas opositoras y tensionar aún más el clima dentro del recinto.
Para Garriga, el escenario es complejo, porque “lo que antes funcionaba como estrategia de confrontación hoy puede ser contraproducente”.
Al mismo tiempo, emergen tensiones dentro del propio espacio libertario. Las disputas entre distintos sectores del Gobierno, sumadas a la incertidumbre sobre figuras clave, alimentan la percepción de fragilidad política en un momento sensible.
El trasfondo también es económico; con la suba del dólar, el riesgo país y la falta de incentivos en tasas en pesos configuran un escenario que inquieta a los mercados. A esto se suma la dificultad del oficialismo para construir acuerdos legislativos, particularmente en temas estratégicos como la suspensión de las PASO.
En perspectiva, el episodio en el Congreso no sólo pondrá a prueba la capacidad de respuesta del Gobierno, sino que también comenzará a delinear el escenario político de cara a 2027. “Se está configurando un nivel de rechazo que podría reordenar el mapa electoral”, planteó Garriga, incluso sugiriendo que el tradicional antiperonismo podría perder centralidad frente a un creciente “antimileísmo”.
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