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Adorni fue al Congreso y tampoco dió explicaciones

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Manuel Adorni finalmente tuvo este miércoles 29 de abril su primer informe de gestión en la Cámara de Diputados y la jornada terminó siendo tan tensa como se esperaba. Llegó a las 10:30 acompañado por un operativo de seguridad reforzado, mientras Javier Milei y Karina Milei se ubicaron en el palco junto a todo el Gabinete para mostrarle un respaldo sin fisuras. Adorni arrancó con una hora de exposición donde defendió la gestión económica, el superávit fiscal y el Presupuesto 2026, pero el clima se espesó apenas empezaron las preguntas de los bloques.

El jefe de Gabinete ya había contestado por escrito 2.151 consultas que le mandaron los diputados, y ahí dejó asentadas sus respuestas a los cuatro ejes que más lo complican. Sobre el viaje a Punta del Este en un vuelo privado con su familia, dijo que no tenía obligación de registrarlo porque el decreto 1179/2016 sólo exige declarar traslados financiados por terceros para actividades académicas o culturales, y evitó precisar quién pagó el vuelo o qué vínculo tenía esa empresa con el Estado. Respecto a la evolución de su patrimonio y la compra de dos propiedades con préstamos de dos jubiladas y dos policías, se amparó en que presentó su declaración jurada y que la Oficina Anticorrupción informó la inexistencia de conflictos de interés. También respondió sobre los gastos de las comitivas presidenciales y sobre los contratos del periodista Marcelo Grandio con la TV Pública, aunque en ambos casos remitió a la información ya publicada por el Gobierno y con ambigua información.

Lo ocurrido hoy en el Congreso volvió a exponer una lógica política basada más en la puesta en escena que en la rendición de cuentas. En lugar de responder con claridad a las interpelaciones, el oficialismo transformó una instancia institucional en un espectáculo, con discursos grandilocuentes, evasivas sobre denuncias sensibles y una narrativa desconectada de la realidad cotidiana. Esa estrategia, que ya le dio rédito electoral apelando a la provocación y al show, ahora se replica dentro de las instituciones, tensionando los límites democráticos. La escena, lejos de fortalecer al gobierno, dejó la sensación de un cierre corporativo frente a cuestionamientos por corrupción, en un contexto donde el malestar social crece y las respuestas concretas siguen sin aparecer.

Y las declaraciones políticas no tardaron en llegar y marcaron el tono de la sesión. Desde Unión por la Patria, Carlos Bianco, jefe de asesores de Axel Kicillof, fue uno de los más duros al sostener que “al parecer Adorni habría cometido varios ilícitos” y cuestionó que el Gobierno hable de austeridad mientras el jefe de Gabinete queda bajo sospecha por enriquecimiento. Por su parte, Leandro Santoro ironizó con que “vino a dar cátedra de moral con un prontuario” y le reclamó explicaciones concretas sobre el origen de los fondos. En el PRO la postura fue más incómoda: Cristian Ritondo había anticipado que la sesión “va a ser un show que no ayudará para nada”, y aunque el bloque no rompió con el oficialismo, varios diputados se mostraron molestos por tener que defenderlo sin datos claros. El que directamente le soltó la mano fue Oscar Zago, del MID, que declaró sin vueltas que “Adorni ya fue, tiene que seguir de largo. Le mintió a todos los argentinos”. Desde La Libertad Avanza, nada más y nada menos que José Luis Espert salió a blindarlo diciendo que “todo esto es una operación política berreta para tapar el éxito del plan económico” y que Adorni “es el mejor vocero que tuvo este país”. Salvavida de plomo para el Jefe de Gabinete.

Adorni mantuvo durante toda la sesión el mismo tono confrontativo de sus conferencias de prensa. Calificó las denuncias como una “operación política y mediática para dañar al gobierno” y, consultado por el caso $LIBRA, dijo que no iba a opinar porque “está bajo la órbita del Poder Judicial”. Afuera del Congreso, mientras tanto, organizaciones como Barrios de Pie se movilizaron con carteles que acusaban al Gobierno de “ajustar a los pobres mientras se vuelven millonarios”. 

El saldo político para el Gobierno fue sin dudas negativo: si bien logró mostrar a Milei y a toda la primera línea bancando a Adorni en el recinto, lo que le sirvió para evitar una crisis interna en lo inmediato, no consiguió despejar las dudas sobre el patrimonio del jefe de Gabinete, todo lo contrario. Lo débil que debe estar Adorni para necesitar tamaña presencia: estuvieron acompañando al Jefe de Gabinete Karina Milei, Secretaria General de la Presidencia, Diego Santilli, Ministro del Interior; Sandra Pettovello, Ministra de Capital Humano; Luis Caputo, Ministro de Economía; Juan Bautista Mahiques, Ministro de Justicia; Mario Lugones, Ministro de Salud; Santiago Bausilli, Presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA); Alejandra Monteoliva, Ministra de Seguridad Nacional; Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional y armador nacional de La Libertad Avanza; Federico Sturzenegger, Ministro de Desregulación y Transformación del Estado; María Ibarzábal, Secretaria de Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación; Patricia Bullrich, Senadora Nacional y jefa del bloque de La Libertad Avanza; Martín Menem, Presidente de la Cámara de Diputados; Carlos Presti, Ministro de Defensa; y Santiago Caputo, Asesor Presidencial.

En ese contexto, distintos sectores de la oposición plantearon hoy avanzar con una moción de censura contra Manuel Adorni, como respuesta al desempeño del funcionario durante la interpelación y a las denuncias que lo involucran. La iniciativa busca dejar asentado un límite político frente a lo que consideran una falta de explicaciones y un deterioro en la calidad institucional, además de expresar el rechazo a una defensa cerrada por parte del oficialismo. Aunque su viabilidad dependerá de los acuerdos parlamentarios, el planteo marca un escalón más en la tensión entre el Gobierno y el Congreso.

Por ahora Adorni zafó, pero el costo político de la jornada fue alto y la causa por presunto enriquecimiento ilícito sigue abierta, con el juez Ariel Lijo todavía reuniendo pruebas.