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Horacio Quiroga y la muerte: una vida atravesada por la literatura y la tragedia

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La columna literaria de Frecuencia Camalote propuso un recorrido intenso por la obra y la vida de Horacio Quiroga, uno de los grandes cuentistas rioplatenses, marcado profundamente por la tragedia, la selva misionera y una literatura donde la muerte aparece como una presencia constante.

La charla comenzó retomando el universo de Juan Rulfo y su novela «Pedro Páramo», para luego ingresar de lleno en el mundo de Quiroga, definido como “un loco turbio y extraordinario”, cuya biografía parece inseparable de sus relatos.

La muerte acompañó al escritor desde la infancia. Su padre falleció accidentalmente cuando él tenía apenas dos meses de vida y años más tarde su padrastro, figura fundamental en su crianza, se suicidó delante suyo tras sufrir una enfermedad degenerativa. Más adelante, el propio Quiroga mataría accidentalmente a un amigo mientras manipulaba un arma antes de un duelo.

“Es imposible pensar a Quiroga sin pensar en la muerte”, resumieron durante la columna.

Radicado durante años en Misiones, el autor desarrolló una narrativa profundamente ligada a la selva y a las tensiones entre el hombre y la naturaleza. Sus cuentos, publicados inicialmente en revistas de época como Caras y Caretas, lograron una enorme repercusión popular y marcaron una forma moderna y directa de escribir literatura en las primeras décadas del siglo XX.

La columna también repasó el célebre “Decálogo del perfecto cuentista”, donde Quiroga establecía principios fundamentales para la escritura breve. Uno de los puntos destacados fue la importancia de conocer desde el inicio hacia dónde se dirige el relato: “Las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas”, sostenía el escritor.

Entre los textos abordados apareció «A la deriva», uno de sus cuentos más reconocidos, donde un hombre mordido por una yarará intenta sobrevivir mientras el veneno avanza lentamente por su cuerpo. Allí, Quiroga construye con crudeza y precisión el tránsito entre la vida y la muerte.

También se mencionó «El hombre muerto», relato que desde el propio título anticipa el destino del protagonista y vuelve a trabajar esa frontera difusa entre la conciencia y el final inevitable.

Durante el intercambio se destacó, además, la capacidad del escritor para narrar situaciones extremas con una prosa directa, sin rodeos ni artificios excesivos, algo que incluso fue discutido y cuestionado por Jorge Luis Borges en distintas entrevistas.

La vida de Quiroga también estuvo atravesada por tragedias sentimentales. Una de sus esposas se suicidó tras ingerir un químico utilizado para revelar fotografías, mientras que el propio autor, ya enfermo de cáncer, decidió terminar con su vida tomando cianuro en 1937.

En sus últimos días, protagonizó además un episodio tan extraño como conmovedor: pidió compartir habitación con un paciente aislado por graves deformaciones físicas, a quien consideró su último amigo.

Antes de morir, dejó escrita una frase que sintetiza buena parte de su mirada sobre el final de la vida: “Hoy no temo a la muerte, amigo, porque ella significa descanso”.

De esta manera, se abrió una invitación abierta a volver sobre la obra de Quiroga, un autor que, más de un siglo después, sigue interpelando desde la intensidad de sus cuentos y desde una literatura que convierte la muerte en experiencia, paisaje y reflexión humana.

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