El economista Gerardo De Santis analizó el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central impulsado por el Gobierno nacional y advirtió que la iniciativa busca limitar el rol de la entidad exclusivamente a preservar el valor de la moneda, dejando de lado objetivos vinculados con el empleo, el crecimiento y el desarrollo económico.
En diálogo con Aire de Ribera, explicó que la propuesta contrasta con el funcionamiento de los principales bancos centrales del mundo, porque “la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco Central Europeo también tienen facultades para intervenir cuando la economía entra en recesión o el empleo se deteriora. Acá se pretende reducir el Banco Central a un único objetivo”.
De Santis consideró que el Gobierno pone el foco en la emisión monetaria como principal causa de los desequilibrios económicos, pero deja en un segundo plano el impacto del endeudamiento. “Hay una preocupación muy fuerte por la emisión, pero no ocurre lo mismo con la deuda. Este Gobierno tomó nueva deuda y amplió el programa con el Fondo Monetario Internacional. Además recurrió al Tesoro como prestamista de última instancia, algo muy poco frecuente en la historia argentina”, afirmó.
Respecto de la denominada independencia del Banco Central, sostuvo que el propio Gobierno no refleja hoy ese criterio: “Quienes conducen el Ministerio de Economía y el Banco Central provienen del mismo espacio técnico y financiero. Hablar de independencia resulta, al menos, discutible”, expresó.
También vinculó la reforma con la necesidad del oficialismo de fortalecer herramientas frente a un eventual escenario de inestabilidad cambiaria durante el próximo año electoral, y explicó que «el Gobierno busca llegar mejor preparado ante una posible corrida cambiaria. El año pasado eligió no acumular reservas para sostener el tipo de cambio y ayudar al proceso de desinflación. Este año modificó parcialmente esa estrategia”.
En ese contexto, destacó que el superávit energético generado por el desarrollo de Vaca Muerta se convirtió en un factor determinante para la economía actual.
“El Gobierno puso toda la batería de medidas al servicio de bajar la inflación: mantiene un dólar relativamente barato, abrió las importaciones para aumentar la competencia y utiliza la propia recesión como un instrumento antiinflacionario”, sostuvo. Sin embargo, remarcó que esa estrategia tiene consecuencias sobre la actividad económica y el nivel de vida de la población. Premisa que justificó poniendo como ejemplo las 25.000 empresas que cerraron en los últimos ańos y las familias que enfrentan problemas de endeudamiento y morosidad.
Finalmente, alertó sobre el deterioro del tejido social y consideró que la crisis ya se manifiesta en múltiples dimensiones. “Los problemas de salud mental aumentan, reaparecen enfermedades asociadas a la pobreza y muchas personas trabajan más horas sin lograr cubrir sus necesidades básicas. La crisis no es un hecho futuro: está ocurriendo todos los días”, concluyó.