El análisis político de Gaston Garriga puso el foco esta semana en dos cuestiones que atraviesan la actualidad argentina, el dato de inflación de julio y los movimientos que comienzan a delinear el escenario electoral. En una extensa conversación radial, cuestionó el discurso económico del Gobierno y sostuvo que la desaceleración de los precios todavía no se traduce en una mejora concreta de las condiciones de vida.
Respecto del 2,1% de inflación registrado en julio, señaló que el dato del INDEC debe leerse teniendo en cuenta la composición de la canasta utilizada para medir el índice. En particular, remarcó que los servicios continúan teniendo una ponderación desactualizada. “Se venía considerando cambiar la canasta y es lo que no pasó este año”, explicó, al indicar que la actualización prometida habría otorgado un mayor peso a los servicios.
Esa diferencia resulta relevante porque mientras los bienes aumentaron alrededor de 1,6%, los servicios registraron un incremento del 3,1%. “Los servicios siguen creciendo muy por encima de la inflación”, marcó. La diferencia también permite comprender por qué la percepción cotidiana de los hogares puede resultar bastante más elevada que la que expresa el índice general.
El periodista también puso la mirada sobre la canasta básica total, que determina el umbral de pobreza. Para una familia de cuatro integrantes, el valor informado superó los 1,5 millones de pesos. El dato «debe compararse con los ingresos reales de los hogares y no analizarse de manera aislada». En ese sentido, recordó que una parte importante de la población percibe ingresos que apenas permiten ubicarse alrededor de esa línea.
En materia salarial, advirtió que los ingresos no estarían acompañando de manera suficiente la evolución de los precios. Los acuerdos salariales que se ubican alrededor del 2% mensual, señaló, no permiten recuperar el poder adquisitivo perdido. Por eso, aun cuando la inflación sea considerablemente menor que durante los primeros meses de la actual gestión, la desaceleración no implica necesariamente una recuperación del salario real.
El análisis también alcanzó al escenario político. Tanto el PRO como La Libertad Avanza atraviesan una etapa de repliegue y tienen como principal objetivo conservar posiciones en la Ciudad de Buenos Aires. En ese contexto, describió el acercamiento entre ambos espacios como una relación basada más en la necesidad que en la coincidencia política: “Es una mesa que no los une el amor sino el espanto”.
La Ciudad de Buenos Aires ocupa, según su lectura, un lugar estratégico en la política nacional desde la reforma constitucional de 1994, que le otorgó autonomía y amplió sus recursos y capacidades institucionales. Rodríguez consideró que la disputa por ese territorio será central para el futuro de ambas fuerzas y planteó que una derrota podría tener consecuencias importantes para el PRO y para el oficialismo libertario.
En paralelo, se refirió a la reorganización del peronismo y a las conversaciones entre Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, especialmente alrededor de la necesidad de definir una estrategia electoral y defender las PASO como mecanismo para dirimir internas. También mencionó los movimientos de distintos dirigentes y empresarios que comienzan a posicionarse de cara al futuro escenario electoral.
Sobre una eventual candidatura de Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires, manifestó sus dudas, y dijo que el oficialismo nacional ha sostenido un discurso particularmente crítico hacia los bonaerenses y que eso puede convertirse en una dificultad electoral.
En ese escenario, el desafío para el oficialismo no sería solamente contener los precios, sino hacerlo sin profundizar el deterioro de la actividad económica y del poder adquisitivo. Una eventual suba de tasas destinada a contener la inflación podría terminar agravando el endeudamiento y la situación de quienes ya tienen dificultades para afrontar sus obligaciones.