¿Qué hay debajo del agua cuando no se puede ver absolutamente nada? Para Claudio Marino, la respuesta forma parte de un oficio que ejerce desde hace más de 30 años. Buzo de salvamento y rescate, y director de Rescate Acuático y Buceo de la Federación de Bomberos Voluntarios de Entre Ríos, pasó por Frecuencia Camalote para contar cómo es trabajar en un ambiente donde el tacto reemplaza a la vista y donde la preparación física y mental resulta fundamental.
Marino tiene 59 años y continúa entrenando tres veces por semana. Lo hace desde 2008 con sus profesores Claudio y Marcelo Álvarez. “El entrenamiento es sagrado”, contó. La preparación física no responde solamente a una cuestión deportiva, el trabajo requiere fuerza y resistencia para afrontar situaciones complejas y, al mismo tiempo, mantenerse preparado psicológicamente.
Durante la entrevista se ocupó de aclarar una confusión frecuente. “Buzo táctico” no es el término correcto para referirse a quienes realizan tareas de rescate y búsqueda. El buzo táctico es un buzo militar especializado en operaciones bélicas, como infiltraciones o colocación de explosivos. En cambio, Marino se dedica al salvamento, la recuperación de objetos hundidos, reflotamientos y búsquedas de personas desaparecidas.
Una de las características más complejas de su trabajo es la falta de visibilidad. En aguas como las del Río de la Plata los sedimentos suspendidos generan condiciones en las que prácticamente no se puede ver nada. “Si uno prende una linterna o un reflector bajo el agua, no va a ver nada igual”, describió. Por eso, muchas búsquedas se realizan utilizando las manos para rastrear el fondo.
La tarea requiere además un estricto trabajo en equipo. Los buzos descienden como mínimo de a dos, unidos por una cuerda de seguridad, mientras otro integrante permanece en la superficie preparado para intervenir ante cualquier inconveniente. Un enganche, un corte, una descompensación o cualquier imprevisto puede convertir rápidamente una búsqueda en una situación de riesgo.
Pero el entrenamiento no es solamente físico. Marino sostuvo que un buzo debe tener la capacidad de reconocer cuándo no está en condiciones de realizar una inmersión: “Si el buzo no tiene un buen día, por cualquier circunstancia, es noble que diga: ‘Hoy no estoy para bucear’”. La decisión puede proteger no solamente su propia vida, sino también la de su compañero.
A lo largo de su trayectoria le tocó participar de búsquedas especialmente difíciles, entre ellas la de personas desaparecidas. En esos casos, además de la complejidad técnica aparece la presión emocional de las familias. “Nosotros somos la última esperanza que tiene un familiar que perdió un ser querido”, señaló.
Entre las experiencias que recuerda está su participación durante la inundación de La Plata. La intervención comenzó cuando la ciudad ya estaba desbordada y se habían producido las primeras pérdidas de vidas. “Me estuve buceando en un living de una casa”, recordó Marino, todavía impactado por la particularidad de aquella situación.
Su trayectoria también incluye una búsqueda completamente diferente como la realizada en el marco del denominado “Robo del Siglo” al Banco Río de Acassuso. Allí los buzos recorrieron el canal utilizado por los delincuentes para escapar y encontraron elementos vinculados con la fuga, entre ellos el motor de una embarcación, herramientas y la escalera utilizada para salir del túnel.
Marino también trabaja en rescates y asistencia de animales, incluso en intervenciones con ballenas o lobos marinos. Y junto a su hijo Federico lleva adelante Bunker Buceo, una escuela destinada a la formación de buzos deportivos y a la realización de bautismos de buceo.
Para Marino, la actividad permite descubrir un mundo completamente diferente. “Hay otro mundo ahí abajo”, sostuvo al hablar de la experiencia de respirar bajo el agua y permanecer suspendido en un medio que no es el habitual para los seres humanos. La práctica puede ser recreativa, deportiva, científica, fotográfica o de investigación, y está abierta a personas de distintas edades.
El oficio, sin embargo, deja marcas. El contacto permanente con el agua fría puede afectar las articulaciones y las manos, mientras que la actividad sostenida durante años también puede generar problemas físicos. Aun así, cuando habla de su trabajo, Marino deja en claro que continúa disfrutándolo.
Quizás esa sea una de las características que más llamó la atención durante la entrevista: después de más de 30 años, todavía habla de bucear con la misma curiosidad de quien acaba de descubrir ese mundo. “Lo más lindo es verlos salir con una sonrisa después del bautismo y decir: ‘Quiero más. ¿Cuándo volvemos?’”, contó.
Para quienes quieran acercarse al mundo del buceo en La Plata, Berisso o Ensenada, Bunker Buceo puede contactarse al 221 590-1737. En Instagram, la referencia indicada durante la entrevista es Fede Marino.
Instagram: @fm.capacitaciones
